Ya que últimamente parece que los planetas se han estado alineando para que yo eligiera novelas feelgood, o de las que te tocan y te remueven por dentro y te hacen no solo pensar, sino valorar lo que tienes, he decidido darle también una reseña en condiciones a esta historia que leí hace ya tiempo, pero que encaja perfectamente en esa línea que os comento.
Es otro de esos libros que pasó bastante tiempo esperando que me decidiera a cogerlo. Creo que es importante coger cada libro en el momento y estado de ánimo adecuado y, en su día, cuando lo empecé, probablemente yo no estaba al cien por cien. Los dos libros anteriores habían sido rápidos e intensos, y al comenzarlo me dio la sensación de que su arranque era más lento de lo que quizás suelo buscar. Aunque me gustaba, lo empecé leyendo a un ritmo bastante torpe: un par de capítulos ahora, otro esta noche, otro mañana... La cosa cambió radicalmente al superar el primer cuarto del libro, cuando de golpe y porrazo me encontré sumergida en la trama y en apenas 24 horas me lo acabé.
SINOPSIS:
“Vaciando mochilas, llenando almas” es un viaje a lo más hondo de la vida y los sentimientos de dos amigas.
Se conocen desde niñas y se han ido convirtiendo en mujeres a lo largo de los años, y justamente con el paso del tiempo, se han dado cuenta de que han llenado sus vidas de recuerdos dolorosos, experiencias difíciles y de complejos muy pesados.
Un día deciden hacer un cambio en su existencia para vaciar esas mochilas abstractas y así enfrentar sus propios miedos para poder llenar sus almas necesitadas de muchas carencias emocionales.
A lo largo de la lectura conoceremos a las protagonistas niñas y mujeres en capítulos entrelazados, hasta llegar a un final en el que, quizás, sean nuestras propias almas las que también se renueven.