martes, 30 de diciembre de 2014

Lecturas del mes (diciembre 2014)

Pues aquí acaba el año y estoy encantada porque he cumplido mi objetivo de 50 libros. De hecho me he pasado, jejeje...

MI PROTEGIDA (El guardaespaldas de Suzanne), de Marissa Cazpri


Una historia que me ha durado muy poco, porque la verdad es que engancha. El misterio que rodea a Suzanne, la protagonista te mantiene en vilo durante buena parte de la trama, y además, Rick, el protagonista, es el héroe perfecto. El hecho de que la narración se alterne entre uno y otro da una visión global de la historia que me ha gustado mucho. Eso sí, me ha chocado un poco que el conflicto con el que arranca la trama se resuelve antes de lo que yo esperaba, y me he quedado esperando un "susto final" que no ha llegado. Tiene un desarrollo un poco diferente de lo que yo pensaba, y es lo que me ha sorprendido, sin embargo me ha atrapado de principio a fin. Una historia intensa, bonita y muy entretenida.

KIERAN, THE BLACK, de Julia Templeton


Me habían hablado tanto y tan bien de este libro que no pude resistirme a leerlo, a pesar de que no hay traducción oficial al castellano, por lo que tuve que comprarlo en inglés. Y aun así, me ha durado tres días. Es una historia corta pero intensa y bien tramada, sobre una periodista con media vida a sus espaldas, que de repente se encuentra con la oportunidad de su vida: ocupando el cuerpo de una jovencita de 18, casada con el guerrero de sus sueños y en una época histórica que es fascinante para ella. El shock para el guerrero, que se encuentra de pronto con una mujer desenvuelta, segura de sí misma y más que interesada en él, donde antes había una niña tímida y testaruda que lo odiaba, es impresionante. Las situaciones que surgen entre ellos, divertidísimas. Y ella hará todo lo que esté en su mano para tener un nuevo futuro con ese hombre y en ese lugar. El final es simplemente perfecto. Me ha gustado muchísimo, sólo lamento que no fuera un poco más largo. 

AL OTRO LADO DE LA PARED, de Laura Nuño.

Qué bueno es saber que un libro me va a gustar antes incluso de cogerlo. El estilo de Laura Nuño me tiene enganchadísima: es desenfadado, divertido, directo, intenso... Me encanta. Esta historia me ha sorprendido un poco porque la protagonista es muy, pero que muy pava. De buena que es, es tonta. Nada que ver con las otras protagonistas de Laura que he conocido hasta ahora. Él sin embargo sigue un poco más el patrón de protagonista-casi-ideal: guapo, sexy, inteligente, fuerte y seguro de si mismo, aunque eso sí, bruto a rabiar, El choque estaba garantizado, sobre todo porque ella, para lo inocente que es, tiene su carácter (y es muy cabezota e inconsciente, también hay que decirlo). Entre tanteos, calentones, malentendidos, risas y algún que otro disgusto, estos dos y el fabuloso elenco de secundarios (por Dios, esa abuela... atómica como ella sola) nos arrastran a una velocidad de vértigo por una historia que engancha de principio a fin. Y digo a velocidad de vértigo porque no puedes dejarla, así de simple. Me ha encantado y la he disfrutado como una enana. Muy recomendable. 

LA VIUDA ALEGRE, de D.W.Nichols.


D.W.Nichols ha superado con nota la prueba al atreverse con la novela histórica. Su estilo directo y desenfadado   se adapta perfectamente a una historia en la que la elegancia, la sensualidad, la diversión y la problemática de una época dominada por los convencionalismos sociales se mezclan de un modo impecable. Los personajes, todos perfectamente definidos, son creíbles, humanos y cercanos, tanto los que amamos desde el primer momento como los que se hacen odiar. Sentirlos y comprenderlos es algo tan natural como seguir pasando páginas. 
Mitchell me ha parecido el protagonista perfecto: atento, formal cuando debe serlo y capaz de perder el recato, la compostura y hasta los papeles cuando es necesario y además, de la forma idónea. Es imposible no enamorarse de él. Harriet es una víctima de su juventud, de su inocencia, y sobre todo de la época que le ha tocado vivir. Tras reinventarse a sí misma con valentía comete alguna que otra estupidez, pero no puedo culparla. Además, si no, no habría historia, jajaja. A pesar de su debilidad en ciertos momentos, he llegado a la conclusión de que su fortaleza gana la partida, así que también me ha encantado. Y los secundarios simplemente espectaculares. La historia paralela entre David y Beatrix, me ha parecido preciosa y además está enlazada con la principal a la perfección.
Una novela que atrapa desde el primer momento y se disfruta de principio a fin.

D.W.Nichols, esta va de cabeza a mi estantería. Vas a tener que firmármela en el RA, jajaja. 

AMOR EN NAVIDAD, RELATOS, de Elizabeth Da Silva


Empecé este libro hace mucho tiempo y hasta ahora no me he decidido a terminarlo, y creo que he hecho bien porque a mi parecer es necesario estar bastante empapado de ambiente prenavideño para leerlo. Incluye varios relatos, de diferente extensión y temática, con la navidad y el amor como nexo de unión. Son historias bonitas y románticas, que sin embargo pueden resultar demasiado fantasiosas si no damos por buena la premisa de que todo es posible y todo el mundo es bueno en navidad. De otro modo seguramente resultaría más bien increíble que alguien se enamore sin remedio de otra persona a la que acaba de conocer, que le regale su confianza ciega, o que ponga su vida patas arriba de la noche a la mañana tomando decisiones trascendentales  que de otro modo resultarían más que precipitadas. Pero estamos en navidad, el amor flota en el aire y todo es posible ¿no es cierto? Cierra los ojos, créelo por un momento, y disfruta de la fantasía.

 UN REGALO PARA NAVIDAD, de Caroline Mickelson


Una lectura navideña de la que no esperaba más que, con suerte, entretenerme un poco, y que sin embargo, me ha sorprendido gratamente. Confieso que tenía mis dudas, porque suelo leer los comentarios de Amazon y tiene un par bastante malos. Eso sí, consideré que merecía la pena darle una oportunidad porque en uno de ellos decían "personajes e historia totalmente de ficción". Vamos a ver, alma de cántaro..., que Santa Claus es un personaje de ficción es algo que se aprende allá por primaria. Obviamente hay que leerlo como lo que es, un cuento de navidad, una historia para exaltar los valores navideños y pasar un buen rato, sin más pretensiones. A mí la historia me ha parecido muy bonita. Si le pongo un "pero" es la traducción, en algunas ocasiones demasiado latina para mi gusto. Sin embargo es entretenida, divertida y entrañable, o sea, que resulta un  libro perfecto para estas fechas.  Me alegro de haberme animado a leerlo.

DOCE CAMPANADAS Y UN BESO, de Olivia Ardey


Un libro cortito y sencillo, pero con una preciosa y entrañable historia de amor. Me ha encantado la ambientación, los personajes, el humor tan fresco que destila... Queda demostrado que no hace falta irse a lugares lejanos ni exóticos para crear un romance especial, en un pequeño pueblo también se puede, y Oliva Ardey lo hace de forma magistral. Me recordó remotamente a Ardiente Verano, de Noelia Amarillo, que es uno de mis libros favoritos. Los personajes secundarios son geniales, y los protagonistas enamoran. Diego incluso con sus prejuicios e inseguridades, y Vanesa con su carácter decidido y fuerte. Me he pasado media novela pensando "Venga, no seas tan dura con él", y por otro lado "Pero hombre, ¿cómo puedes ser tan capullo?" jajajaja, pero me he divertido mucho. Muy recomendable.

Y hasta aquí llegamos. Posiblemente aún me daría tiempo de leer algo más, sobre todo porque tengo algunos pequeñitos, de esos que son casi relatos largos, pero no, creo que aquí lo dejo. Además, aprovechando que ayer salió a la venta mi nueva novela, "Depredador", empecé a releerla, o sea que por este año ya es suficiente. 
Si me animo quizás sí haga una entrada del tipo  "balance del año", porque lo cierto es que 2014 ha dado mucho de sí, en lecturas, en experiencias y en aprendizaje. 

Os sigo contando mis lecturas mensuales el año que viene. ¡Feliz 2015!

jueves, 25 de diciembre de 2014

Portada y sinopsis de "Depredador"

Mi segunda novela está a punto de ver la luz. En realidad es la primera que escribí, pero como publiqué primero "Empujones del destino", finalmente será la segunda que publique. Se titula "Depredador (Dime que me quieres)" y esta es la preciosa portada que le ha hecho Alicia Vivancos:


Os dejo la SINOPSIS para que le echéis un vistazo:

Cualquier mujer con dos dedos de frente huiría como de la peste de un hombre sexy, arrogante y seguro de sí mismo como Rafa: un depredador, un seductor incapaz de enamorarse. 
Laia lo sabe y, aun así, no consigue escapar a su encanto. Separados por 500 kilómetros de distancia, pero unidos por una irrefrenable atracción física, comenzarán una relación que solo se basa en el sexo, pero que poco a poco cambiará la vida de ambos para siempre. 
Rafa no cree en el amor y no confía en las mujeres. Laia está dispuesta a demostrarle que está equivocado.
Si hay errores imperdonables que, después de todo, podrías perdonar a la persona que amas, entonces un depredador, tal vez, puede aprender a decir "te quiero".



Lo de la portada fue amor a primera vista, porque la maleta es un elemento fundamental en una historia que va cogiendo forma a base de intensos fines de semana de acá para allá maleta a cuestas. Como bien dice la sinopsis, a los protagonistas los separan 500 kilómetros de distancia, así que le va que ni pintada. Y hasta los zapatos... en una de las escenas aparecen unos muy parecidos a esos. 
Tras esa preciosa portada vais a encontrar una novela romántica con una importante carga erótica (que no me digan que no avisé), diálogos y escenas que seguro que os sacan más de una sonrisa, y también, por qué no, alguna que otra escena emotiva que puede que os arranque unas lagrimitas... 
Tendréis que leerla para saber el resto. 

Ya en preventa en Amazon: mybook.to/Depredador


martes, 23 de diciembre de 2014

y el relato continúa...

Hace unos días os mostré cómo empezaba el relato del que salió mi primera novela. Hoy he decidido poneros el resto. El primer capítulo del libro llega un poco más allá, pero con esto creo que es suficiente para que os hagáis una idea. 

* * * * * * * * * * 
Un relato que se convirtió en novela (II). 
Si no has leído la primera parte puedes hacerlo AQUÍ


Ha pasado una semana y sigo dándole vueltas. Cada vez que veo un hombre moreno y alto, me da la taquicardia. Al final no sé si ha sido peor arrepentirme de lo que “no” hice. Esta mañana he llegado a Madrid para pasar el día en una feria, en la que esperaba divertirme con todos los amigos que tengo aquí, pero sigo acordándome de él a cada rato. Aún quedan un par de horas, y nuestro stand está muy concurrido. Estoy charlando animadamente con mi compañera de turno cuando escucho una voz que hace que mi estómago casi se salga por mi boca.
—Vaya, esta feria se acaba de poner interesante...
Levanto la vista y está frente a mí, vestido con vaqueros y camisa negros y luciendo su mejor sonrisa bajabragas.
—Rafa... ¿Qué haces aquí?
—¿En Madrid o en la feria? —Sonríe con picardía y después se responde a sí mismo—: Pues muy sencillo: vivo aquí y he venido a acompañar a un amigo.
Mi compañera lo mira con la boca abierta hasta que llega el mencionado amigo y le empieza a pedir información sobre nuestro stand. Yo no sé dónde meterme.
—Creo que me debes una disculpa por desaparecer así la otra noche.
Voy a morirme de la vergüenza... A duras penas consigo balbucear:
—Lo siento.
—No me vale. ¿A qué hora sales?
—A las ocho, pero tengo planes, voy a cenar con unos amigos.
No puedo creerme que le esté rechazando otra vez, debo de ser idiota.
—Pues diles que tendrás compañía. A las ocho estaré aquí. O antes. Y que no se te ocurra darme plantón.
Me tiemblan las rodillas cuando se da la vuelta y se va.
—¿Quién es ese tío?
—Mmm... Un amigo.
Me niego a explicarme con más detalle, ignorando la curiosidad de mi compañera mientras atiendo la consulta de una oportuna señora. Cuando me quiero dar cuenta, son las ocho menos diez y la voz profunda y segura de Rafa me sobresalta de pronto.
—Bueno, todavía no te has escapado.
Respiro antes de contestar, tratando de parecer tranquila y hasta indiferente.
—Ya te lo he dicho, he quedado ahora con mis amigos.
—¿Les has dicho que voy también?
Su tono no deja entrever inseguridad. Más bien parece que me esté aclarando que no me va a dejar más opciones.
—No hay problema, será una cena improvisada y unas copas.
—Me gusta el plan, aunque se me ocurren mejoras...
Me dedica una mirada provocativa y sé exactamente el tipo de mejoras del que habla. Mi pulso se acelera de forma automática.
—¿Querrías por favor cortarte un poco? Me haces ponerme continuamente a la defensiva.
¡Joder! odio cuando me dan esos arrebatos de sinceridad, pero me agota estar todo el rato de tira y afloja con él. Sus cejas se arquean por la sorpresa, pero enseguida se recupera.
—No te prometo nada, supongo que es mi naturaleza..., pero lo intentaré.

Paso por el hotel para cambiarme de ropa. Le hago esperar en el hall asegurándole que serán 15 minutos. Realmente soy de esas mujeres capaces de arreglarse en 15 minutos. Me doy una ducha relámpago; mi pelo está bien, así que no tardo nada. He traído un vestido tipo camisero, corto, ajustado y con volantes en el bajo. Servirá. Desabrocho un par de botones del escote. En dos minutos me retoco el maquillaje, me calzo las sandalias y en el tiempo prometido estoy de nuevo abajo. Me mira con gesto apreciativo.
—Vaya, estaba mentalizado para esperar mucho más.
—Me alegro de sorprenderte.

Cenamos en un grupo no muy grande, una hamburguesa, en el sitio de siempre. Rafa atrae todas las miradas, aún sin proponérselo. Tengo una especie de sensación de triunfo cuando me doy cuenta de que está allí por mí, pero me dura poco: aunque vaya donde yo le marque, él sigue siendo el cazador y yo la presa.
Entramos en el primer local a tomar una copa y me sigue de cerca, apoyándose en mí con gesto posesivo. Mi cuerpo me traiciona de nuevo, porque me estremezco bajo su contacto. Vamos hasta el fondo del local, que tiene una pinta de antro... La gente es de lo más variopinta, y la música igual. Se acerca a la barra y vuelve con un cubata de ron y un Malibú con piña.
—No te he preguntado, pero creo que esto estará bien, ¿no?
—Sí, gracias.
Doy el primer trago y enseguida se acerca a mis labios, con una sonrisa pícara.
—Me gusta cómo sabe esto en tu boca...
Dejo el vaso y esta vez le beso con ansia. No puedo más, me rindo. Si hace falta, ya me arrepentiré mañana.
Me arrincona contra la pared como hizo hace una semana, pero esta vez me agarro a él con fuerza. Huele a alguna colonia cara y sexy. Me besa el cuello y su barba de cuatro días me hace cosquillas en la piel. Sus manos me sujetan por las caderas hasta que una de ellas se mete bajo mi falda. Lo primero que siento es un fuerte pellizco en el culo. Me tapa la boca con la suya justo a tiempo de ahogar el grito que dejo escapar.
—Eso por haberte escapado.
La caricia que sigue lleva sus dedos hasta lo más profundo de mi interior, dejando la braguita a un lado. Si ya estaba mojada, ahora me siento deshacer bajo su contacto. Me avergüenza pensar que alguien vea lo que está haciendo, apenas me tranquiliza que estamos en un rincón y él es bastante grande... Empieza a follarme con los dedos, mientras frota mi clítoris rítmicamente. Jadeo y apenas consigo susurrar:
—Rafa, no, por favor...
—Shhh... No voy a dejarlo hasta que te corras. Aquí.
No me da tiempo a replicar ni a escandalizarme. El implacable ataque de su mano sobre mi sexo es tan preciso y efectivo que casi inmediatamente estallo en un orgasmo demoledor. Ni siquiera sé cómo consigo mantenerme en pie mientras me besa profundamente acallando mis gemidos. Cuando saca los dedos de mí y se aparta sonriendo, el triunfo brilla en sus ojos oscuros.
—Eres odioso, ¿lo sabes?
—¡Venga ya! Te gusto tanto como tú a mí. Eres un reto, y yo no puedo resistirme a ser retado.
No tengo nada que responderle. Tiene razón, me gusta muchísimo. Coge mi mano y susurra:
—Ven, vamos al baño.
—¿Al baño? —repito, confundida.
Dirige mi mano a su entrepierna. La erección presiona con fuerza los vaqueros negros.
—También necesito relajarme.
Me suelto como si me diera calambre. Me recorre un estremecimiento que no sé si es de excitación o de indignación, o las dos cosas.
—Tú estás loco. No pienso follar en el baño.
Me mira con esa sonrisa provocadora mientras vuelve a coger mi mano.
—Si prefieres que te folle aquí mismo, no tengo inconveniente.
Reacciono con rapidez, empujándolo para que camine. Entramos en el baño y ante la cara entre escandalizada y envidiosa de un par de chicas que esperan, nos encerramos tras una de las puertas. Dios, no me puedo creer que esté haciendo esto, menos mal que aquí no conozco a nadie...
—Tendrás condones...
—Por supuesto, no pienso darte ni la mínima excusa para escaparte otra vez. Apóyate en la pared, así.
Me pone de cara a la pared y se coloca a mi espalda. La excitación me invade mientras sube mi falda y casi me arranca las braguitas de encaje.
—No seas bruto, no puedo salir de aquí sin bragas.
—Pues a mí me parecería de lo más sexi.
Me quito las bragas del todo antes de que me las rompa. Justo me da tiempo de volver a apoyarme con ellas en la mano cuando se agacha y me pasa la lengua por la entrepierna, apretando suavemente mi abultado clítoris. Se levanta y me acaricia profundamente con una mano mientras con la otra se abre el pantalón y libera su polla dura y caliente. Solo me suelta para ponerse rápidamente un condón.
—No te muevas, sujétate.
Me penetra con fuerza y empieza a embestirme rudamente. Lo siento ponerse rígido justo cuando mi cuerpo comienza también a escalar un nuevo orgasmo. ¡Oh, no, espera un poco, por favor…!
Como si me leyera el pensamiento lleva los dedos sobre mi clítoris y en el momento justo en que lo siento estallar dentro de mí, me corro violentamente. Tengo que morderme la boca para no gritar.
Respirando profundamente se aparta, tira el condón, se recompone la ropa y me tiende la mano mientras me vuelvo a poner las bragas. Salimos del baño ante la mirada estupefacta de las chicas que esperan.
Volvemos con los demás, y soy vergonzosamente consciente del rubor de mis mejillas, mientras que él está tan fresco y encantador como siempre. Pasa la siguiente hora provocándome. Me toca distraídamente a cada rato, me mira como si leyera en mi mente, y me besa como diciéndome que esta noche soy suya y no tengo escapatoria. Al final no aguanto más y le susurro:
—Vámonos. Hoy soy yo quien tiene una habitación a dos manzanas.
Me mira con una sonrisa burlona.
—¿En serio? ¿No te estás divirtiendo?
Su respuesta me desconcierta, hasta que caigo en la cuenta de que, otra vez, me está provocando.
—No es justo, lo que estás haciendo. ¿Qué quieres, que te suplique?
—Sí, es exactamente lo que quiero.
Mi orgullo grita en mi interior "dale un bofetón, se lo merece". Pero lo silencio mientras me miro en los ojos oscuros de mi depredador.
—Por favor, llévame a mi hotel y fóllame hasta dejarme exhausta.




(Y para saber cómo continúa, me temo que tendréis que comprar la novela...)

viernes, 19 de diciembre de 2014

El principio de un relato que se convirtió en una novela

Hoy tengo una sorpresa. Tal vez no sea mucho, pero... este es el principio de un relato que se convirtió en una novela, en mi primera novela, la que voy a publicar en muy poquito tiempo. Estoy dándole el último repaso a la corrección para evitar en lo posible las erratas y muy pronto estará a la venta en Amazon bajo el sello de la Colección LCDE. 
¡Qué nervios! En fin, espero vuestras opiniones...


* * * * * * * * * * * * * * 

Noche de chicas. Hacía tiempo que no salía con mis compañeras de trabajo, y lo cierto es que me apetecía, pero me estoy empezando a agobiar. La cena ha estado bien y nos hemos reído un montón, pero este pub está abarrotado, hace un calor horrible, y además no hay ni un tío bueno que alegre la vista. Los que no son demasiado críos están visiblemente echados a perder... Bueno, menos ese que está bajando las escaleras.
Parece bastante alto, tiene el pelo negro un poco largo, y una barba de cuatro días estudiadamente descuidada. Va rodeado de Barbies, cómo no. Y parece estar desplegando su encanto con todas ellas.
Una de mis amigas me saca de mis pensamientos.
—Acompáñame al baño, anda.
Cojo mi combinado y la sigo. Cruzamos el local hasta el baño, y allí me revuelvo el pelo mientras la espero, odio llevar los rizos aplastados.
Al fin, volvemos al bullicio del pub. De camino al rincón donde están las demás, voy a dar un trago a mi Malibú con piña cuando alguien me empuja y me lo tira encima. Me quedo clavada en el sitio, con la camiseta empapada y sintiendo el hielo en la piel. El culpable se da la vuelta y... es el moreno de las escaleras.
Creo que ha intentado disculparse con una sonrisa, pero estoy tan cabreada con mi look "Miss Camiseta Mojada" que le interrumpo con un "¡Imbécil! ¿Por qué no miras por dónde vas?" y lo dejo con la palabra en la boca mientras regreso al baño a ver si puedo arreglar el desastre. No hay secador de manos, así que tengo que quitarme la camiseta y escurrirla, y aun así sigue empapada. Para colmo de males, creo que me he puesto la más ajustada que tengo, se adivina perfectamente el sujetador de encaje negro.
Salgo del baño y está esperando afuera.
—No me has dejado disculparme.
A pesar de sus palabras, tiene un aire de autoconfianza que hace que suenen como "ha sido culpa tuya". Lo cierto es que es bastante guapo, y las Barbies me están mirando de reojo. El típico macho Alfa, lo que me faltaba...
—No te molestes, tus disculpas no van a secar mi camiseta.
Decide ignorar mi tono francamente borde.
—Me llamo Rafa, ¿y tú?
—Yo no.
Me doy la vuelta y me voy, con una sonrisa perversa en la cara. Mis amigas se sorprenden de que pueda dar ese tipo de contestaciones, pero es lo más efectivo para quitarse de encima a los pesados.
Vuelvo con las chicas y les tengo que explicar lo de mi camiseta mojada. Se escandalizan cuando menciono el corte que le he pegado.
—Pues si es ese que viene para acá, no te ha servido para quitártelo de encima —me susurra Ana.
No me lo puedo creer, y me niego a mirar, pero no me queda más remedio que darme la vuelta cuando me pone la mano en la cintura y se pega literalmente a mi espalda.
—¿Siempre eres tan peleona?
—A veces más. Y por cierto, estas invadiendo mi espacio.
—Ni te imaginas de qué manera me gustaría invadir tu espacio.
Por una vez, me quedo sin palabras, y no es algo que suela pasarme. Entonces añade:
—¿Qué estás tomando? Al menos déjame que te invite a una copa, por la que te he tirado.
Mira con descaro mi camiseta y siento que se me suben los colores.
—No, gracias.
Cuando hago amago de darme la vuelta, me coge la cara con las manos y me besa sin darme tiempo a reaccionar.
Me aparto y levanto la mano con claras intenciones de darle un buen bofetón. Me sujeta a tiempo la muñeca, relamiéndose los labios.
—Malibú con piña, ¿no? Ahora vuelvo.
Se va hacia la barra y me quedo en shock. Pero, ¿esto qué es? Este tío me está rompiendo todos los esquemas. Ese beso ha hecho subir mi temperatura varios grados... Sabe a tabaco y a ¿ron?
Mis amigas están igual de alucinadas que yo, o casi.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta Ana con los ojos como platos.
—Que me ha metido la lengua hasta la yugular.
—Ese quiere meterse en tus bragas —se ríe Inés—,  y no está nada mal.
Levanto la cara con una pose orgullosa. Solo me faltaba escuchar eso.
—Pues la lleva clara... No es mi tipo.
—¡Y una mierda! Lo que pasa es que te jode que te esté aguantando el pulso de esa manera. Tiene tanto carácter como tú, por lo que se ve.
Es posible. La verdad es que mi imagen de borde es más fachada que otra cosa. Supongo que la mayor parte del tiempo solo intento protegerme.
—Aquí tienes, Malibú con piña.
Está de vuelta, con cara de no haber roto un plato en su vida. A estas alturas no sé muy bien cómo reaccionar, pero le cojo la copa.
—Vale, pues gracias..., Rafa. Supongo que estás disculpado. —Ignoro a mi cerebro que me dice que aún le debo un bofetón por besarme con ese descaro.
—Si no te importa, me quedo un rato. Estoy en la ciudad por trabajo, y la conversación en el grupo con el que he venido no es muy interesante.
Le sonrío con malicia. Aún estoy tratando de decidir si me deshago de él o no.
—¿Y por qué crees que aquí vas a encontrar conversación más interesante?
Se acerca un poco más a mí, y mi pulso se dispara.
—Porque tú me pareces muy interesante.
Parece notar que su proximidad me hace ponerme a la defensiva y me da un poco de espacio. Lo cierto es que, a pesar de la poca conversación que se puede tener en un pub abarrotado, parece un tipo inteligente y divertido. Tiene una sonrisa seductora, y lo sabe. Y se mueve con la gracia de una pantera. Es un depredador, se le nota. Con el claro inconveniente de que yo odio sentirme una presa.
Se va moviendo mientras hablamos y cuando me doy cuenta me tiene medio arrinconada contra la pared. Y las cabronas de mis amigas se están divirtiendo de lo lindo.
Apoya la mano en la pared a mi espalda. Está tan cerca que, en un momento en que se inclina para hablarme casi al oído, su pecho roza mis pezones sobre mi camiseta húmeda. Inmediatamente reaccionan enviando un estremecimiento hasta mi entrepierna, que se contrae y se humedece, ajena a mi voluntad. Tomo un trago de mi vaso, tratando de poner distancia entre él y yo. Me afecta demasiado.
—¿Puedo probar un poco?
Su voz suena grave y profunda, seductora. Le ofrezco el vaso, pero ni siquiera hace intención de cogerlo. Su boca atrapa la mía y saborea la bebida en mi lengua, explorando a su antojo mientras yo no tengo fuerza de voluntad para apartarlo ni resistirme. La mano que tenía apoyada en la pared viaja hasta mi nuca y sujeta mi cabeza agarrándome del pelo, mientras su otra mano se apoya en mi cintura levantando ligeramente la camiseta y rozando mi piel. Luego baja hasta mi culo y me aprieta contra él. Yo consigo sujetar el vaso a duras penas, y sin pensarlo, apoyo la otra mano en su cadera. Casi me clava contra la pared, y noto su erección presionando contra mi vientre.
—¡Eh, vosotros! ¿Por qué no os conseguís una habitación?
Rafa me suelta la boca tirando de mi labio con lascivia. Cuando me entere de cuál de mis amigas ha soltado esa "gracia", le cortaré la lengua, por bocazas. Él susurra provocativamente:
—De hecho, tengo una habitación. Mi hotel está a dos manzanas.
Recupero buena parte de mi cordura casi al instante, y consigo contestarle con cierta seguridad:
—No cuentes con ello. De aquí me voy directa a casa. Sola.
—Ya veremos. Aún tengo tiempo de convencerte. Desde que me llamaste imbécil no puedo pensar en nada más que en follarte hasta dejarte exhausta.
Mi pulso se dispara y mi cuerpo se enciende contra mi voluntad, pero no puedo hacerlo. No puedo irme con él. Nunca me he acostado con un desconocido y no va a ser hoy el día.
Clava sus ojos en los míos y me dice en un tono despreocupado:
—Voy al baño. No te muevas de aquí, ahora vuelvo.
Ni que me hubiera leído el pensamiento. Apenas ha hecho medio camino hacia el baño, me acerco a mis amigas y les digo que me voy. Ahora, antes de que haga algo de lo que estoy segura de que me arrepentiré mañana.
Hasta nunca, Rafa. Lo siento, pero hoy no es tu noche.

(Continuará...)