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jueves, 23 de octubre de 2014

¡Tenemos ganadores!

Pues después de que ayer publicara la lista provisional no ha habido ninguna modificación, así que pasamos directamente a la parte interesante del sorteo. ¡Los premiados!


Para el sorteo A, la lista definitiva era:


Y la ganadora es:

¡Enhorabuena, Inna Gilles! Te llevas Doce maneras de enamorarse en papel y dedicado, un llavero y un marcapáginas. ¡Espero que te gusten!

Bueno, todavía hay más premios por sortear, vayamos con el Sorteo B.
Lista definitiva de participantes: 

Y la ganadora es:


¡Enhorabuena, Skkeo! Te llevas un llavero y un marcapáginas dedicado. ¡Espero que te gusten!

En fin, pues vamos allá con el último sorteo. Ya que no tengo libros y llaveros para todas, al menos otras tres participantes se llevarán un marcapáginas dedicado. 


Y las tres premiadas son:

¡Enhorabuena, Macarena EC, Marina Corpas y Mirian Ramos! Os lleváis un marcapáginas dedicado cada una. ¡Espero que os gusten mucho!

Las ganadoras, por favor poneos en contacto conmigo para que os envíe los premios. Siento que no os pueda tocar a todas, en serio. Prometo otro sorteo próximamente.
¡Gracias a todas por participar!

P.D. Tal y como establecí en las condiciones del concurso, os recuerdo que si algún premio no fuera reclamado en un plazo de 2 días se volvería a sortear. 




miércoles, 22 de octubre de 2014

Lista provisional de participantes en el sorteo

Pues por fin llegó el día. Anoche se cerró el plazo para apuntarse en el sorteo y estos son los participantes que se inscribieron a tiempo.

¡Sorteo cerrado!

Tania Freitas, entra en los sorteos A y C.
Ester Fernandez García, entra en los sorteos A y C.
Inna Gilles, entra en los sorteos A y C.
Mamen Mari Carmen, entra en los sorteos B y C
Samanta Rose Owen, entra en los sorteos A y C
Isabel, entra en los sorteos A, B y C.
Kris L.Jordan, entra en los sorteos A, B y C
Skkeo, entra en los sorteos A, B y C
Macarena EC, entra en los sorteos A, B y C
Natespa, entra en los sorteos A, B y C
Eva Gil Soriano, entra en los sorteos A y C
Marina Corpas, entra en los sorteos A, B y C
Yasnaia, entra en los sorteos A, B y C
Maka Ferreira, entra en los sorteos A, B y C
Claudia, entra en los sorteos A, B y C
Feli Ramos, entra en los sorteos A, B y C
Virginia Jimenez, entra en los sorteos A, B y C
May Blacksmith, entra en los sorteos A, B y C
Eva María Rubio, entra en los sorteos A, B y C
Mirian Ramos, entra en los sorteos A y C


SORTEO PREMIO A:

Tania Freitas
Ester Fernandez García
Inna Gilles
Samanta Rose Owen
Isabel
Kris L.Jordan
Skkeo
Macarena EC
Natespa
Eva Gil Soriano
Marina Corpas
Yasnaia
Maka Ferreira
Claudia
Feli Ramos
Virginia Jimenez
May Blacksmith
Eva María Rubio
Mirian Ramos

SORTEO PREMIO B:

Mamen Mari Carmen
Isabel
Kris L.Jordan
Skkeo
Macarena EC
Natespa
Marina Corpas
Yasnaia
Maka Ferreira
Claudia
Feli Ramos
Virginia Jimenez
May Blacksmith
Eva María Rubio


SORTEO PREMIO C:

Tania Freitas
Ester Fernandez García
Inna Gilles
Mamen Mari Carmen
Samanta Rose Owen
Isabel
Kris L. Jordan
Skkeo
Macarena EC
Natespa
Eva Gil Soriano
Marina Corpas
Yasnaia
Maka Ferreira
Claudia
Feli Ramos
Virginia Jimenez
May Blacksmith
Eva María Rubio
Mirian Ramos

Si a alguien le falta algún dato para entrar en un sorteo en el que no le he incluido (o sea, si no ha puesto comentario en Amazon, o no me ha dado los datos para que pueda localizarlo, o si no ha indicado cuál de los relatos de "Doce maneras de enamorarse" le gusta más y por qué), está a tiempo de solucionarlo a lo largo del día. A última hora haré los ajustes que sean necesarios y cerraré las listas. Los participantes no llevan número porque tal y como anuncié, los sorteos se harán en orden y el ganador del sorteo A será excluido automáticamente de los otros dos, y lo mismo ocurrirá con el ganador del B, que automáticamente será excluido del C. Asignaré los números en el orden en que están apuntados una vez eliminados los ganadores anteriores.
¡Suerte a todos y gracias por participar!

jueves, 9 de octubre de 2014

¡Sorteo!

Tal y como os conté hace unos días, por fin, después de mucho trabajo, tengo un libro publicado en papel, Doce maneras de enamorarse. Espero sacar pronto también en ese formato Empujones del destino, pero entretanto quería agradecer a todos los que me han traído hasta aquí su apoyo con un regalito. Bueno, con varios regalitos:


De modo que voy a hacer un ¡SORTEO!

En total, voy a sortear todo lo que sale en la foto, o sea, un ejemplar en papel dedicado y firmado de Doce maneras de enamorarse, dos llaveros de minilibro, y cinco marcapáginas de Empujones del destino también firmados y dedicados.
Sintiéndolo mucho, y dado que yo corro con todos los gastos, el ámbito del sorteo se limitará a territorio nacional. Si alguien de fuera de España quiere participar tendrá que facilitar por tanto una dirección postal aquí en España a la que pueda hacerle el envío. 

El primer premio (A) será el libro dedicado, un llavero y un marcapáginas.

El segundo premio (B) llavero y marcapáginas dedicado. 

Y tres premios más (C) de un marcapáginas firmado y dedicado para cada uno. 


De alguna manera quería dar ventaja a quienes ya han leído alguno de mis libros, de modo que los requisitos serán diferentes para cada premio. Empezamos por lo fácil:

Para el premio C (marcapáginas):
-Seguir este blog mediante perfil de blogger o google+
-Indicar en un comentario en esta misma entrada que participas para el premio C.

Para el premio B (llavero y marcapáginas): 
-Seguir este blog mediante perfil de blogger o google+
-Comentar cuál es tu relato favorito de entre las Doce maneras de enamorarse y por qué, junto al comentario en esta misma entrada en el que indicas que participas para el premio B.

Para el premio A (libro, llavero y marcapáginas):
-Seguir este blog mediante perfil de blogger o google+
-Haber publicado algún comentario en Amazon sobre cualquiera de mis dos libros. Para verificar este punto se requiere indicar título del comentario y nick de comentarista, o si no se quiere hacer público, enviármelos por mensaje privado (ver *NOTA)
-Indicar con un comentario en esta entrada que participas para el premio A. 

En resumen, si no has leído ninguno de mis dos libros, siempre puedes optar al premio C. Si has leído Doce maneras de enamorarse y comentas cuál es tu relato favorito, puedes optar al B y al C, y si además has dejado comentario en Amazon, también al A. Si leíste Empujones del destino y dejaste comentario en Amazon, pero no has leído Doce maneras de enamorarse y por tanto no puedes opinar sobre los relatos, pues optarías al premio A y al premio C.
Espero que esté lo bastante claro, pero si no, no os preocupéis. Me ponéis los requisitos que cumplís y yo ya os pondré en las categorías correspondientes. Aclaro que empezaré sorteando el A, luego el B y luego el C, por lo que los participantes premiados no estarán ya incluidos en el sorteo del resto de categorías. 

*NOTA: Es imprescindible indicar el perfil de blogger o google+ con el que se sigue el blog, así como el de facebook con el que se sigue la página, y el nick de comentarista en Amazon para las verificaciones correspondientes. Si no queréis publicarlos en la entrada, podéis mandámelos mediante mensaje privado a mi perfil de facebook:  https://www.facebook.com/lucia.herrero.961.

El plazo empieza hoy y termina el martes día 21 de octubre a las 23:59 horas. A lo largo del día 22 publicaré la lista provisional de participantes para que si a alguien le falta algún dato, lo pueda corregir. Los participantes que no se pueda comprobar que cumplen los requisitos para cada premio serán excluidos.
El sorteo se realizará el día 23 de Octubre mediante Sortea2  o similar, y se publicará el resultado en este blog. Los premiados tendrán que ponerse en contacto conmigo para facilitarme una dirección de envío en los dos días posteriores. En caso de que alguno no reclamara su premio, se volvería a sortear entre los demás participantes.

Por favor, no multipliquéis comentarios, si ponéis a qué premios optáis, que sea todo en un solo comentario ¿vale? 

¡Suerte a todos!

martes, 23 de septiembre de 2014

Doce maneras de enamorarse ya en papel

Estoy orgullosísima de esta entrada porque por fin tengo mi primera criatura en papel. Soy una persona curiosa por naturaleza, y amiga de aprender nuevas habilidades y de superarme a mí misma. Hace tiempo que quería enfrentarme a Createspace y demostrarme que era capaz de maquetar un libro y crear una portada. Y por supuesto de hacerlo bien.

¿No ha quedado precioso?

El caso es que para este tipo de "experimento" me pareció que lo mejor era elegir "Doce maneras de enamorarse", porque es más corto, y porque para "Empujones del destino" todavía no he decidido lo que quiero hacer. Me estoy planteando cambiar la portada para sacar la edición en papel, aunque la que tiene me gusta mucho, pero... no sé. Tal vez podría encontrar otra que refleje mejor la esencia del libro. Tal vez no. Ya veré lo que hago. 

De momento, aunque he tardado un poco, os quiero enseñar lo bonito que ha quedado este. El tamaño es de bolsillo, 5x8, que para el tipo de libro que es, yo creo que va perfecto. El acabado la verdad es que me encanta. Y por dentro también es precioso:


En fin, que ya tengo libros en papel para poder firmar y dedicar (jajajaja) y quizás incluso sortear... Por si alguien se anima a comprarlo, os dejo el enlace de Amazon AQUÍ.

En formato kindle a 0,89€, y en papel a 7,52€. No me digáis que no es asequible, jajaja...
Y os recuerdo que podéis leer el primer relato AQUÍ en el blog, y fragmentos del resto de los relatos entrando en la etiqueta de "Doce maneras de enamorarse". 

¡Que lo disfrutéis!



miércoles, 28 de mayo de 2014

Proyectos que se convierten en nuevos proyectos: Doce maneras de enamorarse.

Hace casi cinco meses empecé a publicar en este blog una serie de relatos con la idea de que la gente que no me conocía tuviera la ocasión de leer algo mío y ver si le gustaba o no. Tuve la idea de hacer doce relatos de romance y erotismo, uno por mes del año, independientes entre sí y cada uno con protagonistas distintos y que se conocían o se enredaban en circunstancias diferentes. Ahora esa serie ha llegado a su fin y he decidido recopilarla y publicarla en Amazon. Estará dos días gratis como promoción de lanzamiento para que tod@s l@as que los habéis seguido, mes a mes, los podáis tener ahora gratis, juntitos y ordenados. Y por supuesto para que mucha más gente los lea.
Os agradezco muchísimo los comentarios que he ido recibiendo en este tiempo, las visitas, y las recomendaciones. Gracias a algunos de esos relatos hay gente que también se animó a leer Empujones del destino, y supongo que alguno que otro me seguirá leyendo (o eso espero, vamos, jajaja).
En breve, los relatos desaparecerán del blog. Dejaré un fragmento solamente, pero espero que para entonces, todos los tengáis ya en vuestras manos (o en vuestro kindle, vamos, que para el caso es lo mismo).
Espero que os guste la idea, y que me sigáis acompañando en los nuevos proyectos que vayan llegando. Gracias por estar ahí.



jueves, 22 de mayo de 2014

Doce maneras de enamorarse (XII) - Siempre tú


—Ariadna, ¿seguro que no te importa que nos vayamos?
—Que no mujer.
—¿Y te vas a quedar sola?
Miro hacia la barra de reojo y veo a Manu concentrado en el trabajo. Ni siquiera me ha visto todavía, pero me encargaré de que me vea en cuanto mi hermana y Damián se marchen. No sé si el pobre llegará entero a casa, se ha pasado ocho pueblos con los brindis por el año viejo, el año nuevo, y los próximos tres años, como mínimo.
—No te preocupes, que no pienso irme sola —le contesto. Y con sorna, añado—:  Anda, llévate ya a ese desastre de novio que tienes, antes de que eche la cena que con tanta dedicación ha cocinado mamá.
Mi hermana suspira y se encoge de hombros, al tiempo que empieza a tirar de Damián hacia la salida. Mi futuro cuñado me mira, se despide con un gesto torpe, y ambos desaparecen entre la gente.
Vuelvo la vista hacia él. Sigue tan moreno, tan guapo y tan sexy como siempre. Era el chico malo del barrio, el que todas queríamos cazar...: la pesadilla de las madres. Siempre fue un niño rebelde y un mal estudiante, de modo que yo apenas había entrado en el instituto cuando él dejó los estudios y empezó a trabajar de camarero en el bar de su padre. Debía de tener los dieciocho recién cumplidos, pero el chaval que era incapaz de centrarse en los libros ni media hora, resultó que se manejaba tras una barra como pez en el agua. En apenas un par de años pasó del bar de barrio, de cafés, puros y partidas, y vermut los domingos por la mañana, a los bares de copas, que rápidamente se llenaban de chicas deseosas de llamar su atención. Saltaba a la vista que sabía divertirse, pero también, curiosamente, se tomaba en serio su trabajo. Cuando yo tuve edad de empezar a salir de copas, a él ya se lo rifaban en los mejores locales. Cambiaba de chica cada mes, o incluso cada quince días, pero mis amigas y yo no éramos más que niñas a su lado. Él jugaba en otra liga. Estaba fuera de nuestro alcance.

Por suerte, doce años cambian muchas cosas.
...


*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Siempre tú" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

viernes, 9 de mayo de 2014

Doce maneras de enamorarse (XI) - El cazador cazado


Es un lunes tedioso y frío de noviembre. Pese a que el sol asoma tímidamente entre la bruma desde primera hora de la mañana, varias de las modelos se han levantado con el pie izquierdo, porque gruñen en lugar de hablar. Algunos de los que llaman por teléfono lo llevan todavía peor, y doy gracias a que tengo un aguante que a veces no me lo creo ni yo, porque esto desespera a cualquiera. Levanto la vista cuando oigo abrirse la puerta principal, preguntándome al mal humor de quién me tocará enfrentarme ahora, pero enseguida vislumbro la peligrosa sonrisa del "terror de la oficina". Y digo peligrosa porque parece sincera y dulce, cuando no me cabe duda de que Santi es un donjuán de tomo y lomo. Se acerca a mi mesa con esa forma de andar desenfadada y elegante al mismo tiempo, se quita las gafas de sol que traía puestas y se inclina hacia mí guiñándome un ojo.
—Buenos días, preciosa.
Compruebo la agenda de la jefa con un vistazo rápido. Tenía cita con él... hace dos minutos.
—Corta el rollo, Santi. Jacqueline te está esperando.
Inclina la cabeza y me mira con tanta atención que casi consigue hacerme ruborizar. Me levanto y me giro hacia los archivos que tengo detrás ignorándolo deliberadamente.
—¿Tu humor va a juego con tu ropa?
Mientras recoloco un par de carpetas, hago un repaso mental de mi atuendo: vestido negro de manga larga y escote barco, dentro de mi habitual estilo tirando a gótico, medias negras, y botines negros de tacón, que sin embargo no evitan que él me saque casi veinte centímetros de altura. Me encojo de hombros y le respondo sin molestarme ni en volverme.
—Me gusta la ropa negra ¿y qué? No tiene nada que ver con mi humor. Y vas a llegar tarde.
—Vale, ya voy. ¿Haces algo el viernes?
Me giro y le miro con socarronería.
—Hago muchas cosas. Pero salir con fotógrafos no es una de ellas.
—No sabes lo que te pierdes, Laura.
Es una frase que me repite a menudo, y a veces creo que no voy a aguantar mucho tiempo más sin dejarme llevar por las ganas de saberlo.
...

*Esto es solo un fragmento del relato completo. "El cazador cazado" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

sábado, 26 de abril de 2014

Doce maneras de enamorarse (X) - Un sueño de hombre



La espantosa música del despertador del móvil me arranca un gruñido de fastidio, y alargo la mano tratando de silenciarla cuanto antes. No calculo bien y el móvil cae al suelo con un golpe sordo. ¡Mierda! ¡Vaya manera de empezar el día!
Me incorporo y enciendo la luz, recuperando mi teléfono mientras ruego que no haya sufrido ningún daño. Por suerte ha salido ileso. Apago la alarma y suspiro, francamente cansada.
No recuerdo haberme despertado por la noche, pero he tenido sueños muy movidos. He pasado parte de la noche trabajando. Y no hay nada en el mundo que odie tanto como soñar que trabajo, porque me levanto agotada física y psicológicamente.
Cuando salgo de la ducha y entro en la cocina, me encuentro a Mauro desayunando.
—Buenos días.
—Hola —lo saludo conteniendo un bostezo—. ¿Hay café?
—Recién hecho —me contesta sonriendo—. Necesitas uno con urgencia, ¿no?
—¿Tanto se me nota?
—Pues sí, bastante.
Consigue incluso sacarme algo de conversación, que por la mañana es un logro encomiable. Normalmente soy de esas personas que necesitan cafeína y un rato largo para empezar a parecer humanos y no bestias recién salidas de su letargo invernal, cabreadas, aturdidas y muertas de hambre. Pero la verdad es que Mauro es un cielo. Es difícil ser desagradable con él.
Lleva poco más de un mes en nuestro apartamento, y aunque al principio yo era reacia a que un hombre ocupara la habitación que Miriam dejó vacía, Tamara se empeñó. Son primos segundos, y si acabé cediendo fue por eso. Me juró y perjuró que era un buen tipo y que no ocasionaría ningún problema. Y hasta el momento, así ha sido. Colabora en la limpieza como cualquiera de nosotras, mantiene sus cosas en un orden más que razonable y que yo sepa, ni siquiera ha traído ninguna chica.
...

*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Un sueño de hombre" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

miércoles, 9 de abril de 2014

Doce maneras de enamorarse (IX) - Mi héroe



A medida que se acercan las nueve de la noche, me pongo más y más nerviosa. Aurora también, se lo noto. Inconscientemente miro hacia la puerta, pero no hay ni rastro de él. El estómago me hace una pirueta cuando evoco su cuerpo de anuncio, su preciosa sonrisa y la preocupación con la que me miraba anoche.
No sé si ayer fue el peor día de mi vida, pero sin duda, sí de los últimos tres meses, que es el tiempo que llevo trabajando en la cafetería. Este, por lo general, es un barrio tranquilo, pero con la crisis las cosas se están poniendo complicadas en todas partes. Y siempre hay alguien que pretende salir del atolladero con un cruce de cables y pasando por encima de quien haga falta. Ayer casi pasan por encima de mí y de Aurora. Gracias a Dios que apareció Raúl.
Ya era cliente de la cafetería cuando yo empecé, y me llamó la atención desde el primer día. Llegó con Adolfo, su compañero, que le lleva al menos quince años y veinte kilos, mucho peor repartidos que los suyos. Aurora les atendió con su amabilidad habitual pero con un poco más de premura que a otros clientes. No pude evitar una sonrisa, al fin y al cabo, la policía siempre impresiona un poco, supongo.
Raúl y Adolfo venían a menudo a por cafés y a veces a por algún bollo, en especial Adolfo, que he descubierto que es muy goloso. Raúl por lo general se toma un descafeinado y poco más. Pese a ese aire de autoridad que se le intuye vaya o no vaya de uniforme, sonríe con frecuencia. Son sonrisas breves, como si de alguna manera pensara que están fuera de lugar, pero el efecto que causan en las mujeres es fulminante.
En unas más que en otras. A mí concretamente, me matan.
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*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Mi héroe" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

domingo, 9 de marzo de 2014

Doce maneras de enamorarse (VIII) - Locuras de verano


Mi padre acaba de aparcar el coche frente a la casa de mi abuelo, y veo que mis tíos ya nos están esperando, como cada verano. Llegaron la semana pasada, junto con mis primos, Isa y Miguel. Nos ayudan a llevar las maletas al interior y mi tía empieza con el interrogatorio de siempre. Que si no me parece que estoy demasiado delgada, que si acabé por fin la carrera, que si he vuelto o no con aquel novio tan majo que tenía...
Pues no, no he vuelto con Matías, y después de todo, creo que es lo mejor. No me llenaba.
Me cambio de ropa y me escapo a buscar a mis amigas. Mi tía ha dicho que seguramente estarán en la plaza, pero por si acaso llamo a mi prima para que me lo confirme. En cuanto alcanzo a ver el bar de Lolo las localizo. Me hacen señas desde la terraza y se levantan para abrazarme. A mi prima la vi en Semana Santa, pero a Paulina y a Gloria no las veía desde el verano pasado. Es lo que tiene vivir cada una en una punta de la península, que sólo nos vemos en verano. Me siento con ellas y pregunto por el resto. Julia todavía no ha llegado y Paqui no viene este año porque está trabajando y no le dan vacaciones. Isa me mira con malicia y me dice con retintín:
—¿No vas a preguntar por Óscar?
Sonrío y miro alrededor rápidamente, pero ninguno de los chicos está a la vista.
—¿Ha venido?
—Sí, llegó hace un par de días.
—¿Y qué tal está?
—Tan macizo como siempre —contesta Paulina con descaro, provocando que las demás se echen a reír. Le doy un codazo y me río con ellas.
—No esperaba menos de él, pero en serio, este año no.
Se me quedan las tres mirando como si acabara de hablar en arameo.
—Pero... ¿estás con alguien? —me pregunta por fin Gloria.
—No.
—¿Entonces?
Suspiro de pura frustración. Así no hay quien haga propósito de enmienda.
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*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Locuras de verano" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Doce maneras de enamorarse (VII) - El alumno aventajado


Miro el reloj una vez más antes de bajarme del metro, y respiro profundamente repitiéndome de nuevo a mí misma que voy sobrada de tiempo. Odiaría llegar tarde en mi primer día. No es que esto sea realmente un trabajo, lo sé, son sólo unas prácticas de verano, pero ha sido un golpe de suerte que me cogieran en uno de los mejores hoteles de la ciudad. Seguro que voy a aprender mucho. En mi currículum quedará muy bien un periodo de prácticas allí, y con mucha, mucha suerte, tal vez me llamen algún día para cubrir aunque sea una baja de maternidad.
Lo único que me incomoda es la posibilidad de coincidir con Marcos.
No es que me caiga ni bien, ni mal, simplemente no me cae. Es curioso cómo dentro de un grupo de alumnos se pueden establecer diferencias tan pronto, en apenas unas semanas de clase. Recuerdo el primer día en que pasando lista, uno de los profesores se paró en su nombre:
—Marcos Balaguer.
—Presente.
El hombre levantó la vista del papel que sostenía en la mano y lo miró con atención. La mayoría de los alumnos miramos también hacia atrás. Yo no había reparado aún en él, pero en ese momento lo hice. Era un chico alto, guapo y con un notable grado de seguridad en sí mismo, a juzgar por la forma en que miraba al estrado desde donde el profesor lo estudiaba.
—¿Eres el hijo de Mauricio Balaguer?
—Sí.
—Dale recuerdos de mi parte. A ver si me acerco un día de estos al hotel y le saludo personalmente.
Al final de ese mismo día todos sabíamos que el padre de Marcos dirigía uno de los hoteles más importantes de la ciudad, un cuatro estrellas no muy grande pero sí muy emblemático. Y al cabo de una semana todos los profesores sabían también de quién era hijo "el niño bonito".
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*Esto es solo un fragmento del relato completo. "El alumno aventajado" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

martes, 18 de febrero de 2014

Doce maneras de enamorarse (VI) - Fiesta de fin de curso.


—¡Mira mamá, ahí está Olena!
Mi pequeña princesa tira de mí hacia el centro del patio del colegio, donde se están congregando la mayoría de los padres con sus hijos. Es su primer año en el colegio "de los mayores", y le hace muchísima ilusión participar en la fiesta de fin de curso con sus amiguitos.
Olena la ve y se pone a gritar como una loca igual que ella.
—¡Papá, papá, ya viene Leire!
Sigo a mi hija y sonrío cuando las veo abrazarse emocionadas. Se conocieron al empezar el curso, y congeniaron inmediatamente. Leire conocía a la mayoría de sus compañeros de la etapa de Educación Infantil, pero Olena se acababa de mudar. Ambas son hijas únicas, Leire porque su padre nos abandonó antes incluso de nacer ella, y Olena porque su madre murió hace un par de años.
Álex me sonríe señalando a las niñas.
—Esta noche van a caer muertas. Olena ha dormido fatal, está de los nervios.
Como siempre, el peculiar timbre de su voz me hace estremecerme un poco. Sus "eses" son graves y silbantes, aunque habla un español casi perfecto. El padre de la mejor amiga de mi hija se llama Oleksandr, aunque todos le llaman Álex. Llegó de Ucrania en los buenos tiempos del sector de la construcción, y poco después se le unió su mujer. Aquí nació su hija, y aquí se quedaron los dos al morir Ivana, la madre de Olena.
Sigo sin entender que aún no haya rehecho su vida. Tiene una niña pequeña, que para un hombre solo puede ser una carga considerable, y por otra parte es educado, encantador..., diría que incluso guapo. Veo sus cejas levantadas esperando mi respuesta y reacciono volviendo bruscamente a la realidad.
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*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Fiesta de fin de curso" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

sábado, 8 de febrero de 2014

Doce maneras de enamorarse (V) - El hombre más guapo del mundo



Me siento rara. Lo que tengo hoy es lo más parecido que he tenido nunca a una cita a ciegas, aunque de alguna manera, a David lo conozco. Solo que nunca le he visto la cara.
Mi madre dice que es muy guapo, pero tampoco sé hasta qué punto puedo fiarme de su criterio. Demasiadas veces he comprobado que no coincide con el mío... Al menos tengo el consuelo de que, incluso aunque no sea el hombre más guapo del mundo, he pasado suficiente tiempo con él como para saber que es un buen tipo, divertido, cortés, educado y generoso.
Hace ya casi dos meses sufrí un atropello, una moto me embistió para luego arrastrarme durante lo que me pareció una eternidad. Para lo que podía haber sido, no fue casi nada, pero mi cabeza se llevó un par de golpes de consideración y mis ojos salieron bastante mal parados.
Estuve más de un mes hospitalizada con media cabeza vendada, y sin poder ver.
Pasé un miedo terrible, me sentí muy perdida y muy sola. Mi madre pasó muchas horas allí conmigo, haciéndome compañía. Pero lo mejor que pudo pasarme fue conocerle a él.
Apareció por primera vez una tarde, cuando yo llevaba allí una semana. Me había tocado compartir la habitación del hospital con una señora mayor, que apenas hablaba y según mi madre, pasaba mucho tiempo dormida. Era su abuela.
Los primeros días David pasaba un rato, charlaba con su madre, o con su tía, que eran las que más tiempo pasaban allí con su abuela, y luego se marchaba. Su madre nos contó muy por encima que por su trabajo, viajaba mucho, y por eso no había podido ir antes a visitarla. La mujer estaba un poco angustiada porque su hija menor, la hermana de David, estaba a punto de dar a luz. Quería pasar tiempo con su hija y con su nietecito cuando naciera, pero también quería acompañar a su madre.

El pequeño nació la semana siguiente, y a partir de entonces, David empezó a alternarse con su madre para acompañar a su abuela un rato cada tarde. La mujer realmente no sé si era consciente de que él estuviera allí, pero desde luego, yo sí lo era.
...

*Esto es solo un fragmento del relato completo. "El hombre más guapo del mundo" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

miércoles, 29 de enero de 2014

Doce maneras de enamorarse (IV) - Dormir con el enemigo


Después de casi dos horas, Augusto da por finalizada la reunión, y yo salgo hecha una furia. Me he pasado dos semanas buceando entre papeles y con los ojos pegados a la pantalla del ordenador, sacando informes y revisando documentos para nada. La cuenta de la empresa por la que YO me he estado matando todo ese tiempo, se la acaba de llevar Jorge, cuyo mayor mérito parece ser conocer de algo a uno de los asesores del Gerente.
Para colmo, el muy capullo me alcanza a mitad del pasillo y me coge del codo para detenerme.
—Has hecho un trabajo estupendo, Lara.
—Ya. Del que tú has sabido sacar partido, salta a la vista.
Se queda allí clavado sin saber qué responder mientras me encierro en mi oficina para tratar de superar mi cabreo. No hay derecho. Desde que empezó a trabajar con nosotros, hace un año, no hace más que competir conmigo. Antes, yo era la joven promesa, la que destacaba y se ganaba a los clientes con su eficacia y su mano izquierda. Ahora es Jorge el que utiliza su labia y su encanto para quitármelos en mi cara. Esto se está convirtiendo en una lucha sin cuartel.
Le odio. Es una pesadilla. Seguramente hasta una mala persona.
Aunque lo cierto es que no sé mucho de él, ni me interesa. En su primer día de trabajo, me pareció un tipo muy atractivo, con ese pelo medio cobrizo que le da un aire de niño malo, esos ojos azules y esa sonrisa pícara. Pero antes incluso de que pudiera hablar con él, empezaron los problemas. Lo mandaron a un curso al que yo esperaba ir, porque según el jefe, su nuevo fichaje necesitaba empezar a ponerse al día cuanto antes. Y su antiguo fichaje, o sea, yo, se lo tomó fatal. La animadversión campa a sus anchas entre nosotros desde entonces.
Estoy deseando que llegue el jueves para que empiecen las vacaciones de Semana Santa y me pueda olvidar de ese impresentable por unos días.
Ayer, sin ir más lejos, tuvo la desfachatez de preguntarme a dónde iba yo. Coincidimos en la máquina del café, con otros dos compañeros. Él estaba comentando algo como que le debía un par de noches de juerga a un amigo de la universidad al que iba a visitar. Yo me limité a insinuar que había hecho planes con unas amigas y me dijo con su habitual tono de chanza, que me pone de los nervios:
—¿Os vais al pueblo a ver procesiones?
¡Al pueblo! ¿Pero de qué va?
Pues no, no nos vamos al pueblo. Nos vamos a Dublín y nos lo vamos a pasar de muerte. Y me voy a beber toda la cerveza de Irlanda. A ver si su juerga de universitario supera a la mía.
...

*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Dormir con el enemigo" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

jueves, 23 de enero de 2014

Doce maneras de enamorarse (III) - Día de boda


Voy a llegar tarde. Miro el reloj, echo un último vistazo a mi imagen en el espejo, cojo el bolso y las llaves, y salgo de casa pitando. Siempre voy corriendo, hasta en días señalados como hoy.
Hoy se casa Gemma, mi amiga de la infancia. Éramos uña y carne el colegio. Seguimos juntas en el bachillerato, pero después ella se fue a estudiar fuera y nos perdimos la pista. Sin embargo sus padres siguen viviendo muy cerca de los míos. Y hace cuatro o cinco años regresó al barrio tras una larga estancia en el extranjero. Nos reencontramos y nuestra amistad seguía intacta, como si no hubieran pasado diez años. Nunca hemos salido con el mismo grupo de amigas, pero ella siempre ha estado ahí cuando yo la necesitaba. Cuando conoció a Rubén yo estaba con ella. Cuando yo me fui a vivir con Iván ella me ayudó con la mudanza. Y cuando Iván se largó y me dejó el corazón hecho añicos, también estuvo allí para ayudarme a recoger los pedazos. Por supuesto que sabía que me invitaría a su boda, pero es un mal trago ir sola. No es que no me haya recuperado de lo de Iván, pero no he conocido aún a nadie que merezca la pena lo suficiente como para darle una oportunidad. Supongo que aún estoy escaldada, después de todo, no hace ni seis meses. Aunque Gemma suele decir que ya he guardado suficiente luto.
Camino a paso ligero, buscando los soportales para resguardarme del viento desde mi casa hasta la iglesia. Es un paseo de menos de diez minutos, así que con suerte aún llego a tiempo. Cuando alcanzo la plaza, veo enseguida a Rubén, hecho un manojo de nervios, esperando al coche de la novia. También veo a algunas amigas de Gemma a las que conozco de vista, pero me quedo un poco al margen. Me siento fuera de lugar.
Enseguida llega el coche y Gemma baja de él radiante. La cara de Rubén es de auténtica adoración, y me alegro mucho por ellos. Son una pareja estupenda y van a ser muy felices.
La ceremonia es breve pero emotiva. Me siento en un banco detrás de algunas parejas jóvenes y junto a unas señoras que creo que son tías de Gemma. Se pasan la misa llorando.
Cuando salimos, espero mi turno para felicitar a los novios. Abrazo a Gemma, que tiene una sonrisa inmensa en la cara. Me giro para felicitar a Rubén y casi me doy de bruces con quien estaba felicitándolo antes que yo. Levanto la cara y a pesar de mis taconazos me saca casi quince centímetros de altura. Es un tipo atractivo, con el pelo rubio oscuro y los ojos claros.  Me sonríe, se disculpa, se hace a un lado y va a felicitar a Gemma.

Abrazo a Rubén aún conmocionada. Ese hombre era soberbio.
...

*Esto es solo un fragmento del relato completo. "Día de boda" ha sido incluido en el libro "Doce maneras de enamorarse", publicado en Amazon y disponible para su compra AQUÍ.

miércoles, 15 de enero de 2014

Doce maneras de enamorarse (II) - Tormenta de febrero

 

El cielo debe de haberse confabulado contra mí.
Ya sé que lo normal en febrero es que llueva, que haga frío y hasta que truene. Pero que todo eso ocurra de pronto precisamente el día que yo he decidido ir hasta el centro dando un paseo, es mala suerte.
Y que además me haya dejado la cartera en casa y no tenga ni dinero, ni la tarjeta del autobús, es el colmo.
A pesar de haber regresado casi corriendo, me he empapado. Mi trenca pesa y prácticamente chorrea, los vaqueros están mojados desde los tobillos hasta medio muslo, las botas tienen las puntas oscuras porque también están empapadas y mi pelo es un desastre. La capucha no ha podido evitar que se calara. Por fin, después de regresar a toda prisa, guareciéndome lo mejor que podía bajo los balcones y buscando soportales, estoy en casa. Empapada y helada, pero en casa.
Cuando voy a echar mano al bolso para abrir el portal, una mano de hombre se me adelanta y mete la llave en la cerradura. Me sobresalto y giro la cabeza para descubrir a mi vecino de enfrente. Me sonríe como si se disculpara por haberme asustado.
—Hola.
—Hola.
Sujeta la puerta abierta y me cede el paso. La verdad es que apenas he cruzado con él media docena de palabras en los dos o tres meses que hará que vive en ese piso. Es un hombre joven, de poco más de treinta años. Muy alto, rubio y de ojos claros, de un azul un poco verdoso. Sonríe al ver que le estoy mirando descaradamente y aparto la mirada de repente. Qué torpe soy a veces, por Dios.
Subimos las cuatro escaleras del portal, y lo veo mirarme de arriba abajo.
—Menuda tormenta, ¿eh?
—Sí, me ha pillado de lleno.
—Ya lo veo, estás empapada.

Espero el ascensor a su lado evitando mirarle. Lo cierto es que es guapo y tiene un cuerpo de los que es casi imposible no mirar. Ancho de espaldas, grande y perfectamente proporcionado. Se me van los ojos, no puedo evitarlo.
...

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martes, 7 de enero de 2014

Doce maneras de enamorarse (I) - Noche de Reyes

Otro de mis propósitos de año nuevo era empezar una serie de relatos que ir publicando aquí en mi blog. Cada uno con un mes del año como referencia y con la imagen de un chico, como si fuera un calendario. Os presento el relato de Enero:


NOCHE DE REYES



—¡Venga, Esther, que se hace tarde!
—¡Que ya voy!
Me miro por última vez en el espejo, cojo mi bolso y salgo corriendo de mi habitación. Mi madre, mi hermana Marta y mi sobrino Aarón están esperándome en la puerta de casa con gesto de impaciencia.
—¡Tía, eres una tardona!
Hala, aguántalo, al enano. Sólo tiene seis años y mira cómo le habla a su tía, el muy sinvergüenza. 
—¡Pero si vamos sobrados de tiempo! —me excuso sonriéndole.
—De sobrados nada. Luego se llena la Calle Mayor y ahí es donde mejor se ve la cabalgata —apunta mi madre cerrando la puerta.
Me encojo de hombros mirando a mi hermana, que niega con la cabeza dándome a entender que mi madre tiene razón.
La verdad es que ya no me acuerdo. Hace mucho tiempo que no estoy en casa en Navidad. He pasado tres años largos estudiando fuera y trabajando durante las vacaciones.  El primer año pude volver, pero los otros no. Y este año, de hecho, he llegado tarde. Hasta ayer mismo no llegué a casa. Pero ahora estoy con los míos, y para quedarme. Necesito un cambio de aires, y volver a los orígenes es lo que más me apetecía. 
Empezaré por acompañar a mi madre, mi hermana y mi sobrino a la cabalgata. 

Diez minutos después, Aarón grita como loco al ver aparecer la banda municipal presidiendo el desfile. Tras los músicos se ven enseguida los primeros pajes. La cabalgata del pueblo siempre ha sido muy digna, al fin y al cabo, es un pueblo bastante grande. Cada Rey Mago lleva un cortejo de al menos una docena de pajes vestidos con túnicas, que portan antorchas por delante de la carroza. La decoración de las carrozas varía un poco cada año, aunque siempre tiene un trono para el rey en la parte más alta, muchos paquetes de regalo rodeados de adornos brillantes por toda la base, y pajes adolescentes que tiran también caramelos a los más pequeños. Mauricio, el mejor amigo de mi padre se encarga siempre de la iluminación, y las carrozas quedan de lo más vistoso. Deslumbrantes.
Aunque tal vez sólo sea que a mí me encanta la Navidad y me parecen preciosas.
Admiro la decoración de la carroza de Melchor y tras una barba blanca bastante moderada reconozco a Jacinto, el tapicero de la plaza. Sonrío al ver a Aarón saludarle efusivamente mientras él sonríe y saluda con gesto solemne. Es increíble lo que hace un buen disfraz y una caracterización adecuada. Tanto la peluca como la barba están recortadas y parecen casi de verdad. Seguro que Aarón no nota que son postizas. Y el traje y la capa tienen una apariencia cara y elaborada. Dan el pego perfectamente.
Nos llenamos las manos de caramelos y nos los mostramos unos a otros mientras Melchor se aleja y la carroza de Gaspar se acerca poco a poco. Su traje es de estilo árabe y va tocado con un turbante, como un sultán de las mil y una noches. Se gira hacia nosotros y cuando esperaba encontrarme con la cara delgada y morena de Manuel, el de la ferretería, me encuentro a otra persona completamente distinta.
No sé si Aarón se dará cuenta, pero Gaspar se ha quitado veinte años de encima.
Sigue siendo moreno y más bien delgado, pero no es el que yo recordaba. Aunque a éste también lo conozco. Y cuando clava sus ojos en mí, me dedica una sonrisa traviesa y me tira un puñado de caramelos que mi sobrino se lanza raudo a recoger, sé que también me ha conocido.
Es Darío.
Me giro hacia mi hermana, que está ayudando al niño a coger caramelos, tan concentrada que ni me mira. Vuelvo a mirarle a él. Por Dios… está guapísimo. ¿Cuándo se ha convertido el jovencito delgaducho y tímido que yo recordaba en semejante hombre?
 Me sonríe de nuevo y entonces soy consciente de que tengo la boca abierta. La cierro de golpe y miro hacia otro lado. Seguramente no necesita saber que me ha dejado impresionada.
La carroza pasa y se ven los pajes de Baltasar. Me giro otra vez hacia mi hermana y le pregunto susurrando.
—¿Y Manuel?
—¿Qué Manuel?
—El ferretero. Ya sabes... Gaspar.
Entonces abre mucho los ojos y se da cuenta de mi desconcierto. 
—¡Ay, leñe, que no lo sabías! —Mira de reojo a Aarón y se ríe de mí con descaro—. Mucho mejor Darío ¿no? Realmente parece el rey de Persia.
Tras pasar la carroza de Baltasar, con Sebastián, el guineano que vive en nuestra calle, ejerciendo de auténtico Rey Mago africano, la gente se empieza a dispersar. Me muero de ganas de preguntarle a mi hermana cuándo ha cambiado tanto mi antiguo compañero de colegio, pero como está Aarón delante, me tengo que aguantar.
Casi dos horas después, volvemos a casa. En el rato que mi sobrino ha pasado con sus amigos enseñando orgulloso sus caramelos, mi hermana me ha contado que Manuel tuvo un accidente el mes pasado y se rompió la cadera. Había algún otro candidato a Rey Gaspar, pero el ferretero no es tan orondo como la mayoría de sus amigos y el traje no les quedaba bien. Al final se lo hizo probar al nuevo médico en una de las visitas que le hizo en su casa y a él sí le quedaba bien. Le quedaba perfecto.  
El nuevo médico del pueblo es Darío. Hay que ver las vueltas que da la vida.
Mi madre me cuenta mientras cenamos que hace unos meses que regresó, porque él también ha pasado mucho tiempo fuera. De hecho hará al menos ocho años que no nos veíamos. Vive con sus padres en el caserón que tenían a la entrada del pueblo, y está soltero.
Como si yo tuviera algún interés en eso, vamos…

Después de la cena, me arreglo para ir a buscar a Nuria. Ayer quedé con ella y con el resto de mis amigas en que iríamos a tomar algo por ahí. Ya que me perdí la Nochevieja en casa, por lo menos me apetece salir la Noche de Reyes.
Cuando le toco al timbre y baja a la calle, me abalanzo sobre ella.
—¿Por qué no me dijiste que Darío era el nuevo médico?
—Porque no pensé que te interesaría —se burla ella, encogiéndose de hombros—. Lo has visto en la Cabalgata ¿no?
—Sí.
—Joder con el Rey de Persia, lo que ha cambiado ¿eh?
Cuando éramos niños hacíamos bromas con su nombre, después de aprender en clase de historia que había habido un rey persa que se llamaba como él. Darío tenía pinta de cualquier cosa menos de Rey. Era muy poca cosa, y además muy tímido, pero eso sí, era muy inteligente. 
Un cerebrito que ahora está como un tren.
Nos encontramos con las demás en uno de los tres bares que tienen un poco de ambiente por la noche, y poco después todas se divierten a costa de la sorpresa que me he llevado con el rey Gaspar.
Vamos, como si ellas no se hubieran sorprendido en mi lugar…
Cuando nos estamos tomando la segunda copa y el bar se va llenando, empezamos a bailar. Hay una zona de pista de baile y Jesús, el dueño, nos pone encantado las canciones que le pedimos. Nuria y yo bailamos como locas mientras las demás tontean con algunos chicos. Estoy un poco perdida, pero creo que Julia y Mario están empezando algo desde hace unas semanas, y el chico que está con Lety es el que le gusta desde siempre. Y entonces un grupito entra en el bar y mis ojos se clavan en él sin poder evitarlo.
Darío.
Va vestido con vaqueros y medio tapado con un plumífero con capucha. Saluda a unos y a otros y entonces me ve y me sonríe. Se quita el plumífero y cuando pienso que viene a saludarme, se detiene a medio camino para hablar con Marga, la hija de Jacinto - alias Melchor.
Me quedo un poco chafada, pero sigo bailando, disimulando como puedo. Disimulo durante media hora más y luego nos vamos a otro bar. He perdido el rastro de Darío y empiezo a pensar que se ha ido con Marga. Me siento un poco decepcionada, la verdad.
Soy tonta.
En el segundo bar me agarro enseguida a un combinado y me lanzo a bailar con Nuria otra vez. La música está muy alta y hace calor. Un tipo se me pega a la espalda y me giro sobresaltada. Creo que lo conozco de algo, pero no recuerdo su nombre.
—Estás impresionante, Esther. 
Me aparto un poco, pero vuelve a pegarse a mí.
—Gracias, pero… dame un poco de espacio, ¿quieres?
—¿No te acuerdas de mí?
—Sinceramente, no.
Frunce el ceño y convierte sus ojos en dos finas líneas. Creo que está decepcionado. Ya ves tú, no voy a dormir del cargo de conciencia. Le empujo un poco tratando de despegarme de él.
—Roberto, no te pases.
Miro a Nuria agradeciéndole la información. Roberto, ya lo recuerdo. También íbamos juntos al colegio. El cambio, en su caso, ha sido a peor. Está más gordo y más calvo. 
 —Todavía no me he pasado.
No me gusta nada como suena eso y voy a contestarle algo pero se vuelve a pegar a mí. Y entonces alguien le agarra del hombro y dice con una voz grave y profunda que suena sorprendentemente calmada:
—Ni te vas a pasar.
—¿Se te ha perdido algo, Rey de Persia? —responde Roberto en tono burlón.
—Ella. Lárgate.
Para mi sorpresa, le obedece. Cuando se aparta de mi campo de visión y aparece en él Darío, entiendo por qué. Le saca al menos diez centímetros de altura, y aunque es de constitución más bien delgada, bajo la camiseta blanca que lleva se marca una musculatura perfectamente formada. Las mangas remangadas dejan entrever unos brazos fuertes, con los antebrazos cubiertos de vello oscuro.  Antes no era tan rotundamente masculino, de eso estoy segurísima.
Me mira a los ojos y me sonríe.
Juraría que se me acaban de caer las bragas. Trago con dificultad y me pierdo en sus ojos castaños que con la luz del bar casi parecen rojos.
—¿Te ha molestado?
—No. Bueno, estaba empezando a ponerse pesado, pero… no.  
—¿Vuelves a casa por Navidad como el turrón, o para quedarte?
—Me quedo. Al menos de momento…
—Me alegro. Hacía tiempo que no nos veíamos.
Hace amago de marcharse y le agarro del brazo sin pensarlo siquiera. Vamos a ver ¿no ha dicho que lo que se le había perdido era yo?
—Darío, espera.
—Bueno, al menos recuerdas mi nombre.
—Claro que sí.
—Antes solía ser el rey de Persia…
—Antes éramos unas niñas tontas y unos niños brutos. Y ahora te pega más el Rey Gaspar, por lo que he visto…
Se ríe y agacha la cabeza con un resquicio de su antigua timidez. Por favor… ¿se puede ser más mono?
—Alucino con que los niños no me reconozcan.
—Hombre, el traje viste mucho. 
—¿Tú crees?
No. En realidad no le cambia tanto. Lleva la misma barbita recortada y sexy ahora que se ha quitado el disfraz. Dudo si esta tarde llevaba los ojos perfilados en negro, aunque tiene unas pestañas tan oscuras y tupidas que no estoy segura.
Los niños están ciegos, definitivamente.
—Sí, y además ahí arriba no se te ve bien. 
—Tú me has reconocido.
Yo me he quedado muerta, querrás decir.
Me limito a sonreír. Me mira fijamente y luego dice con total seriedad.
—Estás preciosa. Y pensar que yo estaba loco por ti a los quince años.
Abro unos ojos como platos. Eso no me lo esperaba.  Él se ríe.
—Ni siquiera te diste cuenta ¿verdad?
—Pues… no.
—Estabas con Gerardo entonces. Supongo que él acaparaba toda tu atención.
—Ahora no estoy con nadie.
Me arrepiento de haber abierto mi bocaza nada más decir eso. No quiero que sea muy obvio que desde esta tarde es él quien acapara sin problemas mi atención, pero me estoy luciendo.
Sonríe complacido, y dudo si se está burlando de mí, pero me susurra con complicidad;
—Yo tampoco.
Y me coge de la cintura acercándose peligrosamente a mi cuerpo para acabar pegado a él. El corazón me late como loco y mi cerebro se atonta ante su cercanía. Su aparente timidez desaparece de golpe y me mira a los ojos susurrando cerca de mi boca.
—Baila conmigo.
Y bailo. Bailo hasta que no siento los pies y la música del bar languidece. Hasta que se encienden las luces y nos invitan amablemente a marcharnos a casa. Darío se aparta de mí con desgana. No ha hecho nada para molestarme y sin embargo estoy molesta. Precisamente porque no ha hecho nada. Ni un beso, ni una mano fuera de sitio, ni una caricia atrevida.
La frustración está a punto de hacerme estallar como una olla exprés.
Miro alrededor buscando a Nuria y no la encuentro. Darío sonríe y me aclara:
—Se ha marchado con Marcos.
Marcos, sí, me acuerdo de Marcos. También iba con nosotros al colegio. Un momento ¿cuándo ha aparecido Marcos? ¿Estaría con Darío? Uf… no lo sé. 
He estado toda la noche pendiente sólo de él.
Debo de parecer muy desorientada, porque posa una mano con suavidad en la parte baja de mi espalda y me empuja hacia la puerta.
—Venga, te acompaño a casa.
Recojo mi cazadora y él se pone el plumífero sin dejar de sonreírme. No queda ni una sola de mis amigas en el bar. No me lo puedo creer. Me han dejado sola con él de buenas a primeras y sin decirme nada…
Claro que es Darío. 
Caminamos  casi en silencio hasta llegar a mi portal. La calle está desierta y la farola de enfrente se ha fundido. Hace frío y me estremezco sin saber cómo despedirme de él.
Y entonces sin mediar palabra se acerca a mí despacio, y me coge de la cintura. Me retira un mechón de pelo detrás de la oreja y cuando me roza, un escalofrío baja desde allí hacia mi cuello para perderse por mi columna vertebral. Me pierdo en sus ojos caoba y miro con ansia su boca carnosa.
Sonríe mostrando una dentadura blanca y perfecta. Y después me besa.
Nuestros labios se tocan despacio, casi temblando. Le echo las manos al cuello sintiéndome torpe y desesperada, pero me da igual. Me gusta. Me gusta muchísimo, y estoy harta de tanta contención.
Enredo los dedos en su pelo y le atraigo hacia mí. Sonríe sobre mi boca y su mano agarra también el pelo sobre mi nuca, echándome la cabeza hacia atrás. Me mira a los ojos y murmura.
—Me alegro de que hayas vuelto, Esther.
Trago saliva con dificultad mientras su cadera se pega a la mía y mi cuerpo entero se despierta. Su boca baja de nuevo sobre la mía y sus labios juegan con los míos, provocándome y ofreciéndome promesas que no sé por qué, intuyo que no va a cumplir esta noche. Su lengua invade por fin mi boca y campa a sus anchas sin hallar resistencia. 
Es la noche de reyes y yo he encontrado a mi rey.
 Muchos besos más tarde, se separa de mí mirándome con ternura. 
—Me gusta tu boca.
Oh, Dios. A mí me  vuelve loca la suya. Y su forma de besar. En los increíbles minutos que llevamos aquí parados me ha regalado besos dulces, besos apasionados, besos tiernos, besos violentos y besos sutiles. Sólo de imaginármelo en mi cama me pongo mala.
—¿Te vas?
—Sólo hasta mañana. 
Asiento sin cuestionarle nada. Vivo con mis padres y él con los suyos. No puedo invitarle a subir, lo olvidaba.
—¿Quieres que nos veamos mañana, Esther? —me pregunta dulcificando al máximo su voz profunda y masculina.
—Me encantaría.
—Déjame tu móvil.
Se lo pongo en la mano sin dudar y marca su número. Oigo su teléfono sonar y entonces corta la llamada y sonríe.
—Ya estamos localizables los dos. ¿Te llamo después de comer?
Asiento tratando de no mostrar lo emocionada que estoy.
—Perfecto.
—Hasta mañana entonces.
Abro la puerta y aún me hace girarme otra vez para besarme más profundamente que antes. Cuando me suelta mi cuerpo está hecho gelatina y mi cerebro posiblemente fundido, por no hablar de mi entrepierna.
Me sonríe de nuevo y me indica con la cabeza que entre en el portal.
Obedezco y me despido con la mano antes de desaparecer escaleras arriba. Me guiña un ojo antes de irse y subo los escalones de dos en dos hasta el segundo piso.
Mañana me va a llamar.
Quería volver a casa, con los míos. Quería reencontrarme con mis amigas. Quería empezar de nuevo en el sitio de siempre.
No buscaba el amor, al menos de momento.
Pero es muy posible que esta noche haya empezado a enamorarme. 
Quizás los Reyes Magos me tengan preparado este año un regalo especial. Muy especial. Un hombre de esos que no puedes dejar escapar. Un hombre en el que no me había fijado antes, pese a ser un amigo de la infancia.
Sacudo la cabeza sonriendo y entro en casa sin hacer ruido. Darío se acaba de convertir en mi regalo perfecto.
Mi particular Rey Mago. Mi rey de Persia.