sábado, 3 de junio de 2017

I Evento NORA

El pasado fin de semana se celebró en Santander el I Evento NORA. Muchos éramos los autores y lectores que llevábamos meses esperando esa fecha con ilusión y muchas ganas. Al menos yo, volví más que satisfecha.


Tuve la suerte de poder planificarlo con antelación y pedir fiesta en el trabajo el viernes, con lo que pude disfrutar con mucha más tranquilidad de eso que, en el fondo, es lo que más valor tiene en un encuentro de estas características: la gente. Autoras, lectoras, blogueras... Amigas, en definitiva. Bueno, y amigos, que alguno también había, jajaja.
Apenas pasaba del mediodía cuando ya estaba yo llegando a Santander, wasapeando con el resto de autoras con quienes iba a disfrutar el fin de semana. La estación de autobuses estaba muy cerquita de nuestro hotel, así que llegamos enseguida. En un abrir y cerrar de ojos estábamos comiendo en una de las terrazas cercanas, inmersas en nuestras charlas y tan a gusto como si nos conociéramos de toda la vida, aunque de hecho, algunas éramos hasta entonces completas desconocidas.
Tras un par de terrazas más (con sus correspondientes charlas y también un par de chaparrones que nos obligaron a resguardarnos bajo los toldos) nos dirigimos al Ayuntamiento para el primer acto oficial del Evento.
Y creo que este es buen momento para poner aquí el programa y que os hagáis una idea de cuántas cosas geniales nos esperaban aún. 


La recepción en el Ayuntamiento de Santander fue sencillamente espectacular. Creo que la mayoría nos sentíamos un tanto cohibidos al entrar en un edificio tan bonito y con un aire tan solemne, pero tardamos poco en sentirnos como en casa. La alcaldesa en persona nos dio la bienvenida a su ciudad, junto con las cuatro organizadoras: Yolanda, Patricia, Marta y Maiki. 


Todos los asistentes fuimos agasajados con vino español y canapés (todo delicioso, por cierto). Y el acto fue perfecto para romper el hielo y dar pie a numerosos corrillos de charlas entre los que la gente se iba moviendo con soltura, saludando a unos y a otros. 


Al finalizar el acto, nos despedimos con más ilusión si cabe, puesto que, tras semejante apertura, las ganas de reencontrarnos al día siguiente para el encuentro propiamente dicho eran aún mayores. 


El sábado amaneció nublado, pero a la hora convenida éramos muchos los que nos congregábamos en las caballerizas del Palacio de la Magdalena, donde iba a tener lugar el Evento. Un marco incomparable y perfecto para un acto de estas características. Os dejo la lista de autores asistentes. 


La sala no era muy grande, aunque la distribución era suficientemente confortable. Lo que sí habríamos agradecido es que el estrado hubiera tenido un poco más de altura, ya que desde la zona de atrás, si bien se oía perfectamente, apenas se veían las caras de los ponentes. 

Tras las acreditaciones, Yolanda Revuelta, como madrina, pronunció un breve discurso lleno de ilusión y agradecimiento. Y comenzaron las mesas. 

MESA 1: Autoras autopublicadas
TEMA: Otra visión de la romántica
Moderadora: Natalia Martínez (traductora)
Con: Sophie Saint Rose, Emma Gigan, Antiliados, Helen F.Wings y Nuria Parente Nogueras


He de decir que me desconcertó un poco esta primera mesa. En primer lugar, porque arrancó con una presentación de la última novela de cada autora, cuando yo habría jurado que leí por alguna parte que la intención no era hacer mesas de presentaciones sino de debate, y al final la presentación se comió más de la mitad del tiempo, y lo mismo ocurrió en la mayoría de las mesas que vinieron después.

Aparte de eso, los títulos de las mesas no dejaban muy claro por dónde iba a ir el tema, y aún hoy, no sé muy bien a qué se refería lo de "la otra visión de la romántica" ya que el debate se centró principalmente en si es conveniente, lícito o como queráis llamarlo,  sorprender al lector con un final que, aun siendo adecuado, no sea el típico "vivieron felices y comieron perdices". La cosa se calentó, y no es para menos, puesto que, como bien hizo constar gran parte del público, esto NO ES NEGOCIABLE. En la definición de novela romántica entra el final feliz con perdices incluidas. Si acaba como el rosario de la aurora, no es romántica, es otra cosa (que se llama novela sentimental, y no es ni mejor, ni peor, pero es otra cosa, y a mí particularmente, no me gusta). Y aquí es cuando me acuerdo de cuánta gente considera romántico "Romeo y Julieta" cuando es un dramón como una catedral en el que muere hasta el apuntador. 

Personalmente pienso que hoy en día hay un par de tópicos erróneos y muy extendidos en el mundo de la romántica. Uno de ellos es ese "sorprender al lector". En mi opinión, eso no es necesariamente bueno si se hace en un momento y de una forma inadecuada. Muchas novelas románticas empiezan con "chico conoce a chica" y ya sabemos cómo van a terminar, pero no nos importa, porque lo importante no es cómo acaba, sino cómo llega a ese final que ya sabemos más o menos cuál va a ser. Los giros y los personajes tienen que sorprendernos, el final no. Si en una novela que se anuncia como romántica uno de los protagonistas muere, a mí no me dan una sorpresa, me dan un disgusto de órdago y me fastidian la novela, así de claro.
Y aunque no se mencionara en esta mesa, el otro tópico (más bien una frase sobada a más no poder) es el "no te dejará indiferente". A mí me hace descartar la novela casi de inmediato, por aburrida y por ambigua, porque por si no lo habéis pensado bien, que algo no te deje indiferente no es necesariamente bueno. Te puede horrorizar, que aún es peor.

Entre mesa y mesa hubo descansitos de quince minutos que se agradecieron una barbaridad porque nos permitían estirar las piernas, comentar con las más cercanas nuestras impresiones, y seguir saludando a las que íbamos descubriendo a lo largo del día. Un gran acierto de la organización.


MESA 2: Autoras editorial
TEMA: Del rosa chicle al rojo pasión
Moderadora: Eugenia Dorado (lectora)
Con: Alissa Brontë, Merche Diolch, Ana F. Malory, Elena Garquin y Nuria Llop


La mesa comenzó, al igual que la primera, con una presentación de novelas que también consumió buena parte del tiempo. El tema aquí parecía más claro: si ha habido un cambio en cuanto a la carga sexual en la romántica a lo largo de la historia reciente. La opinión generalizada era que, digan lo que digan, el sexo vende, y en la mayoría de las historias hay que incluir sexo hoy en día, si bien en función de la novela y del gusto de la autora, unas son más explícitas y otras más sutiles y se dedican más a insinuar que a mostrar, como suele decirse. 
Personalmente pienso también que depende de la historia, y además es importante que la autora se sienta cómoda con lo que escribe, por lo que es quien debe decidir cuánto y cómo. Aunque en cierto modo creo también que el boom de la erótica está remitiendo y la gente empieza a buscar opciones diferentes.

MESA 3: Lectoras y blogueras
TEMA: La necesidad de una reseña constructiva
Moderadora: Reina Negra (Blog: La criticona de la red)
Con: Marta Fernández del blog Tejiendo críticas en la sombra, Vicky del blog Mi refugio de sueños y Vanesa (Azahara Vega/Sheyla Drymon) de Pasión por la novela romántica


Esta mesa dio bastante de sí. El debate se centró no solo en la necesidad de una reseña constructiva, sino también en el hecho de que hay blogs que se esfuerzan en cumplir lo mejor posible con su labor, y otros que solo buscan tener más y más seguidores (con el objetivo de obtener colaboración con autores y editoriales y con ella, lectura gratis). Incluso se habló de blogs que piden dinero a cambio de reseñar. ¡Pues hasta ahí podíamos llegar! Además, si ya se pone en entredicho a veces la honestidad en una reseña por el hecho de que al blog se le haya regalado el libro...

Alguna de las blogueras aconsejó a las editoriales y a las autoras que antes de enviar una novela a un blog, lo estudien primero, no solo para ver la calidad de las reseñas y el alcance que tiene, sino también para saber si leen la temática que escribes. Me parece razonable, sobre todo la primera parte. En cuanto a  la segunda, salvo que el blog sea claramente de novela de terror y tú pretendas mandarle una romántica, tampoco me parece tan terrible. Es tan fácil como "esta es mi novela, de temática romántica paranormal (por poner un ejemplo), puedes ver aquí la sinopsis, si te interesa me gustaría que la leyeras y la reseñaras" ¿no? Vamos, que al blog no le cuesta tanto echar un vistazo y comprobar si la novela es de su estilo o no...

Las blogueras también se quejaron de que, al igual que a las autoras les gusta que les dejen comentarios y valoraciones, a ellas también les gusta que se comenten sus reseñas, cosa que pocas veces sucede. Doy fe. Si soléis pasar por aquí, veréis que comento todos los libros que leo, y aunque muchas autoras me agradecen en facebook que las haya leído y valorado, pocas son las que dejan comentario en el blog. Lamentablemente creo que es una práctica en desuso.

Se habló también de la nueva tendencia de los vlogs (por YouTube) y de las reseñas que, aun siendo constructivas, las autoras o editoriales no las aceptan porque se exponen los puntos que no gustaron a la lectora, llegando incluso a amenazar al blog si la publica. La verdad, me parece lamentable y vergonzoso. Una opinión siempre es bienvenida si es sincera, correcta y bien argumentada, porque puede ayudar a mejorar, o quizás simplemente a saber por qué a esa persona no le gustó, que no tiene que ser porque algo esté mal, sino que tal vez no era de su gusto y ya está. 

Aquí recuerdo que Azahara Vega pidió que se publicara más romántica paranormal, aunque se dice que este género no vende. Le tengo que dar la razón, y seguramente sea porque la gente sigue sin atreverse a descubrir que paranormal es mucho más que "esas novelas de vampiros". El paranormal, en palabras de la propia Azahara Vega es: magia, viajes en el tiempo, brujas, meigas, druidas, ángeles, demonios, cambiantes, hombres lobo, banshees, fantasmas, elfos, personas con poderes mentales, humanos modificados genéticamente, cyborgs etc. Se olvidó de mencionar las hadas, y yo aprovecho para animaros a darle una oportunidad porque igual os sorprende. Podríais empezar con mi novela Magia Elemental que acaba de salir hace menos de dos semanas. Yo lo dejo ahí... jajaja.  

Hubo un pequeño revuelo con el tema de los epílogos, porque casi todas las blogueras coincidían en que los querían, y que una novela sin epílogo no les gusta. Tengo que disentir, y la mayoría de las compañeras que me rodeaban estaban de acuerdo conmigo. Una novela agradece un epílogo, especialmente cuando cierra la historia mostrando cómo ha acabado todo unas semanas, meses o años después, pero no siempre es necesario. De hecho, en las sagas o series, por ejemplo, no hay necesidad ni tiene sentido, puesto que el siguiente libro puede retomar la historia exactamente en el punto en que acabó la anterior, ¿no creéis?

En resumen, que es necesario que las críticas sean constructivas, en los blogs, en Facebook, en Twitter, otras redes sociales, en los comentarios de Amazon en Goodreads, etc. Y que realmente no os hacéis una idea de cuánto las agradecemos los autores. 

MESA 4: Pink Love Ediciones
Esta no fue realmente una mesa de debate, sino una presentación de este nuevo proyecto.

Y llegó la hora de la comida, que nos sirvió también para dar un largo paseo y disfrutar del entorno. Hasta nos dio tiempo de tomar tranquilamente café. Como ya he dicho antes, fue un acierto disponer de ese tiempo, así como de las pausas entre mesa y mesa, pues a mi parecer el trato directo con la gente es una de las cosas más valiosas que te llevas de este tipo de encuentros, y en otras ocasiones los autores hemos demandado más de estos ratos, porque si no, al final, para poder charlar a gusto, no te queda más remedio que saltarte alguna mesa. ¡Por fin nos han hecho caso! De modo que, mi más sincero agradecimiento a la organización. 



MESA 5: Autores autopublicados y editorial
TEMA: La romántica desde el punto de vista masculino
Moderador: Javier Granda (Editorial Popum Books)
Con: Olivier Moon (Alvaro Ganuza), Javier Romero, Pablo González y Javier LoboMesa 4: La romántica desde el punto de vista masculino
Olivier Moon, Javier Romero, Pablo González, Javier Lobo


Creo que esta mesa fue mi favorita del día, sinceramente. El moderador, Javier Granda, hizo un fantástico trabajo, con un enfoque un tanto diferente, al instar a los propios autores a hablar brevemente de sus novelas en lugar de leer las sinopsis y hacerles preguntas. Eso, además de ser más ameno, dejó más tiempo para el debate que era lo que realmente interesaba. Cada autor tenía trayectorias y experiencias diferentes, puesto que unos eran prácticamente recién llegados, y otros ya tenían un buen número de novelas a sus espaldas, y fue una mesa muy esclarecedora. Alguno se atrevió abiertamente a denunciar las malas prácticas que llevan a cabo supuestas editoriales, que ensucian el nombre de la romántica y desaniman a quien con tanta ilusión trabaja para hacerse un nombre y un futuro. Se habló de la diferencia (o no) de sensibilidades. De si puede confundirse o no la manera de escribir de un hombre y la de una mujer, de las dificultades a las que un autor se enfrenta por el hecho de ser un hombre en un mundo mayoritariamente femenino. De los prejuicios. En fin, que fue una mesa muy entretenida y nos dejó a todos los asistentes un estupendo sabor de boca. 

MESA 6: Autoras autopublicadas
TEMA: ¿Escribir es exponerse?
Moderadora: Vanesa Gómez (lectora)
Con: Mary Ann Geeby, Mar Fernández, Rose B.Loren, Feli Ramos, Elena H.D.Cruz


En esta mesa se volvió a la dinámica de presentación de novelas, si bien tuvimos la sorpesa de que Feli Ramos mostrara en exclusiva para el NORA la portada de su próxima novela (Kaori), que es una preciosidad, todo hay que decirlo. Habló un poco de su viaje a Corea del Sur y de lo bien que le ha venido para completar su documentación, puesto que ha aprovechado para reescribir algunas partes ya que se ha encontrado cosas que eran muy diferentes a como las esperaba, y sensaciones en las que no se había parado a pensar y que ha podido plasmar mucho mejor al descubrir el escenario de primera mano. 
Hablaron de las críticas, ya sea en la familia, en el trabajo, en las redes sociales, o por parte de las lectoras, pues aún hay mucha gente que pregunta (como dice un amigo mío, "la ignorancia es atrevida") si la novela es autobiográfica o si tú haces lo mismo que escribes. Sí, claro, y Stephen King es un psicópata peligroso, si lo vemos así, ¿no?  Comentaron también la sobreexposición en las redes sociales, que hay gente que parece que no sabe hacer uso de ellas y en lugar de usarlas para dar una imagen profesional, lo que da es la imagen de patio de colegio, o peor aún, de vecinas cotillas que no hacen más que despotricar unas de otras. 

MESA 6: Autoras editorial
TEMA: Todo empezó aquel día
Moderadora: Susana Granados (Lectora)
Con: Olivia Ardey, Raquel García Estruch, Elena Bargues, y Anna Casanovas


Nuevamente la mesa comenzó con presentaciones y, después, cada autora explicó un poco cómo ve la romántica actualmente, y cómo ha cambiado a lo largo de estos años. 
Olivia Ardey comentó que aún le queda mucho a este género por mostrar, y que hay mercado para todo lo que se publica. Aquí hubo un poco de debate por aquello de que a veces parece que haya más autoras que lectoras, y las novedades apenas se vean en el mar de libros que sale al mercado cada semana. 

Elena Bargues defendió que se publicara más acerca de la historia de España, ya que a su entender tenemos mucho que ofrecer de nuestra historia, y animaba a las autoras de histórica a dejar un poco a los highlanders y buscar en la historia de España el lugar ideal para sus novelas.
Me parece una buena idea animar a que, quien quiera, escriba sobre la historia española. Hay cada vez más autoras españolas que escriben sobre bandoleros, porque les gusta y lo conocen, o sobre las colonias, pero creo que es algo que no se puede forzar. Soy partidaria de que cada cual escriba aquello con lo que se siente cómodo, y me gustan por igual los bandoleros, los celtas, los highlanders, los vikingos, los normandos o cualquier otra cultura o momento histórico. He leído varios libros ambientados en diferentes épocas de la historia de España, y admiro que los autores se interesen por ella y la usen como base para sus novelas, pero al igual que todos los géneros no son necesariamente para todos los lectores, tampoco lo son para todos los autores. Personalmente no he sentido (hasta hoy, que todo puede ser) la necesidad de escribir histórica, pero si la sintiera, escribiría sobre aquel lugar y época que mi historia me pidiera, tanto si es la nuestra propia como si no. Al fin y al cabo, todos somos ciudadanos del mundo, y como se trata de vivir un tiempo que tampoco es el nuestro ¿qué más da cuál sea el tiempo y el lugar? 
 Lo que quedó claro es que realizan un arduo trabajo de documentación en cada una de sus novelas, invirtiendo una gran cantidad de tiempo y esfuerzo. Eso es, a mi entender, uno de los aspectos que da a la novela histórica el estatus que tiene dentro de la romántica. 

Tras esta mesa hubo un sorteo final, que fue muy divertido y en el que a casi todo el mundo le tocó algo. A mí me tocó un libro, El jardín de las mentiras, de Amanda Quick, que además venía en un precioso envoltorio en forma de bolso en el que rezaba "cita a ciegas con un libro". Me enamoré del detalle, y espero tener pronto mi cita con él. 


Y este es el montón de regalitos que me traje en mi bolsa del evento. Faltan un par de marcapáginas que mis peques se agenciaron de inmediato. 


Y tras el sorteo, se acabó lo que se daba. Salimos con una sensación muy positiva, puesto que, si bien hay cosas que obviamente podrían haberse mejorado, se ha notado mucho el cariño y el cuidado con que se ha preparado este primer evento NORA, y no puedo menos que felicitar a la organización por lo bien que nos han hecho sentir a todos los asistentes.  No sé cómo andaré de fechas el año que viene, pero si puedo asistir, me encantará repetir la experiencia. 

Acabamos el día pasadas por agua, ya que se desató una tormenta con granizo y todo (es lo que tiene al norte, menos mal que, al menos a mí, que no me pilla por sorpresa, se me había ocurrido meter un paraguas en el bolso). El domingo de regreso a casa estaba agotada, por la falta de sueño y el bajón después de tantas emociones, pero también estaba feliz por los reencuentros, por la gente a la que quería conocer en persona y con la que he podido charlar y hasta tomarme un café. Por todas esas risas, charlas y recuerdos que hacen de estas ocasiones algo tan especial, que nos enriquece y nos une, y nos recuerda que todos y todas tenemos una pasión en común: la novela romántica. 

martes, 23 de mayo de 2017

Magia Elemental

Por fin llegó el día en que puedo presentaros mi cuarta novela: Magia Elemental. Esta vez he cambiado un poco de registro y me he salido de la romántica contemporánea para pasarme a la fantasía romántica contemporánea. 


¿Acaso no es una portada preciosa? Un gran trabajo de Alicia Vivancos, que supo captar exactamente lo que yo buscaba para la novela. 

Y tras la primera impresión, he aquí la SINOPSIS:

¿Crees en las hadas?
No, claro, eso es algo en lo que la gente deja de creer en cuanto abandona la infancia.
Amets tampoco cree en hadas, ni en magia, ni en nada de eso. Él se gana la vida dibujando cómics sobre brujos, magos y hadas, pero para eso no hace falta creer en ellos. Que la inspiración para esas historias le llegue en sueños tampoco tiene nada de mágico. Para él, que es un hombre solitario, desconfiado e incrédulo, eso es solo una afortunada y práctica casualidad.
Pero una noche, una chica salida directamente de sus sueños entra en su vida sin pedir permiso, sacándolo de la seguridad y la tranquilidad de su ignorancia para arrastrarlo con ella a un mundo fascinante lleno de incertidumbres, de peligro y de magia. 
Quizás las cosas no sean siempre lo que parecen.
Quizás los sueños tengan un significado más complejo que el que vemos en ellos. 
Quizás haya otro mundo fantástico y al mismo tiempo aterrador dentro del que conocemos.
Quizás Amets no sea lo que siempre creyó ser y la magia realmente exista. 
Puede que Naike sea más que un sueño hecho realidad, más que su presente y su futuro inmediato. Podría ser incluso la mujer de su vida. 
Con magia, todo es posible.

* * * 

Si os ha provocado aunque sea un poco de curiosidad, podéis leer AQUÍ el primer capítulo.

Y si, definitivamente queréis saber más sobre Amets, y Naike, podéis comprarla en Amazon (de momento en formato digital, pero espero que pronto también en papel). Además, la tenéis en Kindle Unlimited. 



domingo, 21 de mayo de 2017

Magia Elemental, primer capítulo.

Muy, muy pronto saldrá a la venta en Amazon mi próxima novela: Magia Elemental. Es una historia de fantasía contemporánea, romántica, por descontado.
Para ir abriendo boca, os dejo el primer capítulo.


CAPÍTULO I

 LA NOCHE EN QUE EL SUEÑO SALVÓ AL SOÑADOR

 Una infinidad de cuerpos sudorosos se movía al compás de la atronadora música de la discoteca. El local era inmenso y únicamente la enorme pista central estaba relativamente bien iluminada. El resto permanecía en una penumbra sugerente y discreta rota solo a ratos por los destellos lejanos e intermitentes de las luces de colores.
En uno de los extremos de la pista había una chica. Estaba sola y miraba lentamente alrededor, como si buscara a alguien. Un tipo alto y desgarbado, con aire de gallito, se le acercó y le dijo algo, pero ella se limitó a descartarlo con un leve y desdeñoso gesto de su mano. Sin más, el tipo se volvió por donde había venido y buscó un nuevo objetivo.
Otro hombre siguió el movimiento desde la barra que había en el piso superior, en el extremo opuesto del local, desde donde se podía observar con comodidad sin llamar mucho la atención. Sus ojos estudiaron a la chica con una mezcla de extrañeza y curiosidad. Parecía menuda, aunque bien proporcionada, con una melena larga, ondulada y oscura. Iba vestida de negro de pies a cabeza, con un vestido corto, vaporoso y escotado y unas botas de tacón alto.  No podía verle bien la cara, pero no le hacía falta, ya sabía cómo era: sus ojos eran castaños, casi rojizos, intensos y perturbadores, su tez morena y su rostro dulce, entre aniñado y salvajemente sensual. 
Amets apuró la copa y echó a andar hacia ella. Tenía que hablar con ella. Tenía que saber. Se dirigió a las escaleras para bajar al piso inferior y se dispuso a atravesar la pista.
Y sin embargo, cuando apenas había dado cinco pasos en su dirección y se hallaba aún en medio de la marabunta de gente que los separaba, ella lo miró, esbozó una sonrisa que parecía casi una burla, se dio la vuelta y desapareció.
Por más que lo intentó, no volvió a verla, a pesar de haber recorrido la discoteca de parte a parte. De cuando en cuando lo sorprendía el movimiento de una melena oscura captado por el rabillo del ojo, o la sensación de unos ojos clavados en su nuca, pero tan pronto como se giraba en esa dirección, la ilusión se desvanecía.
Regresó a su apartamento confundido y frustrado.

Había soñado con ella la noche anterior. Solo fue un retazo de sueño, en realidad. No sabía su nombre, ni qué hacía allí, pero sabía que lo miraría desde el otro lado de la pista, y que él tenía que intentar acercarse. Lo había intentado, aunque no esperaba conseguirlo, de todas formas. Su sueño se había interrumpido ahí.
Se sentó a dibujar un rato antes de acostarse. No había bebido apenas, por lo que estaba razonablemente despejado, y aunque era muy tarde no se sentía cansado. Al menos no lo suficiente. Tenía un cómic a medio terminar y podía intentar avanzar un poco.
Sin embargo las musas no estaban de su parte aquella noche. O tal vez los demonios, en realidad daba igual. El boceto que tenía empezado se interrumpía bruscamente en su cabeza porque solo le venían imágenes de aquella chica. Cuando se dio cuenta, la estaba dibujando a ella.
Arrugó el papel y lo tiró a la papelera. Se tumbó en la cama sin molestarse en apagar la luz ni en desnudarse. Solo pretendía descansar un poco la vista y apartar de su cabeza aquel rostro de duende.
Pero se durmió profundamente.
Hasta aquella noche, él nunca había formado parte del sueño. Lo veía desde fuera, como un mero espectador. Sus sueños eran extraños, oscuros y a menudo aterradores, pero parecían imágenes en un televisor, imágenes que luego él convertía en cómics recomponiendo los fragmentos que alcanzaba a recordar. No le costaba mucho imaginar lo que no veía, de modo que las historias salían de su pluma sin apenas proponérselo. Su inspiración nunca se agotaba: cuando no tenía una historia en la que trabajar, solo tenía que dormir y, tarde o temprano, conseguía una.
Había visto muertes y persecuciones, pero la angustia se quedaba siempre en un nivel mínimo. No le afectaba el contenido del sueño porque era como ver una película, no era real, y desde luego, no formaba parte de su vida. Ni siquiera cuando había soñado con ella le parecía ser parte de la escena. La miraba pero no podía alcanzarla, no estaba allí. Al menos, no llegaba a estar lo bastante cerca. Había sido extraño verla después en la discoteca y comprobar que, después de todo, ella sí parecía real, aunque de todas formas no había podido verificar ese punto. Todavía podía engañarse pensando que había sido una alucinación, o algún truco de su mente.
En cambio esta vez fue diferente. Cuando abrió los ojos, sobresaltado, miró directamente hacia el rincón de la habitación junto a la ventana, sabiendo lo que iba a encontrarse.
La chica lo observaba con curiosidad, apoyada con elegancia en la pared. Ladeó la cabeza y le sonrió mientras él se incorporaba.
—Hola —lo saludó con una sonrisa burlona.
—¿Cómo has entrado? —preguntó él con recelo.
—¿No lo sabes? —respondió ella con un tono casi provocador.
Lo sabía, pero era imposible. No podía haber entrado por una ventana cerrada, ni aunque hubiera trepado por el árbol que crecía junto a la fachada. Miró hacia aquel punto como si esperara encontrarse los cristales hechos añicos, pero estaban intactos.
—¿Quién eres? —le preguntó por fin, olvidando la pregunta anterior.
Ella volvió a inclinar la cabeza a un lado, como si estuviera disfrutando de su desconcierto.
—Me llamo Naike.
—Vale... No era la pregunta adecuada. La pregunta es... ¿qué eres?
Ella sonrió ampliamente. Su boca era perfecta y sus ojos acompañaban la sonrisa con chispas de sincera diversión.
—Soy… un hada.
Parpadeó, escéptico, y se frotó los ojos como si no pudiera creer que estaba despierto.
—Las hadas no existen.
La chica puso los ojos en blanco y sus rodillas se flexionaron mientras se venía abajo. La cogió casi al vuelo antes de que se derrumbara en el suelo. Le vino a la cabeza algo como que cada vez que alguien dice que las hadas no existen, en alguna parte, muere un hada. ¿Era de «Peter Pan»? Podía ser... O no, ahora que lo pensaba, era de «Hook», aunque en realidad daba igual.
El corazón le martilleaba en el pecho cuando la chica abrió los ojos y se rio. Se incorporó casi de un salto, zafándose de sus brazos, y le señaló con un dedo.
—¡Has picado!
Durante un par de segundos no pudo hacer otra cosa que parpadear, sin poder creerse que aquello le estuviera pasando. ¿Le estaba tomando el pelo? ¿Acaso estaba en uno de esos  programas de cámara oculta que tanto aborrecía? La chica cruzó la habitación en dos zancadas y se acercó a su mesa de dibujo, donde estaban amontonados en confuso desorden los bocetos en los que había estado trabajando unas horas atrás. Echó mano a la papelera, de donde recuperó el último boceto. Lo estiró con mimo y lo contempló atentamente. Amets se envaró.
—Oye, deja eso...
—Me has sacado bastante favorecida. ¿Cómo lo haces?
—¿Cómo hago el qué?
Ella soltó el dibujo, deslizó el dedo por la mesa con suavidad y siguió recorriendo la habitación sin dejar de mirarle por el rabillo del ojo.
—Saber lo que va a pasar. Sabías que estaría en la discoteca, ¿no? Por eso trataste de acercarte.
La voz de Amets sonó incluso más ruda de lo habitual cuando le respondió.
—No te voy a decir ni una palabra más hasta que me cuentes de qué coño va todo esto.
—Ya te lo he dicho, soy un hada. Ahora quiero saber qué eres tú. Por cierto..., ni siquiera sé tu nombre, porque «Amets»... ¿es un seudónimo, un nick o algo así? Lo he visto en tus cómics.
—Es mi nombre real.
—¿Y qué clase de nombre es ese? —preguntó ella frunciendo el ceño.
—Uno muy apropiado. Más de lo que te imaginas.
—¿Qué significa? Suena bien, me gusta, aunque estoy segura de no haberlo oído nunca antes.
—Significa «sueño».                  
Un ruido sutil en la puerta del apartamento lo interrumpió. Las imágenes estallaron en su cabeza y miró a la chica, preocupado. También había soñado eso. No sabía muy bien cómo acababa el sueño, pero hasta donde había visto, no era en absoluto tranquilizador. Ella debió de oírlo también, porque echó mano de una especie de brazalete que llevaba en la muñeca izquierda, y que, como una serpiente, se le enroscaba por todo el antebrazo. El adorno era casi transparente, aunque no parecía de cristal, sino de alguna clase de plástico con reflejos plateados y nacarados, como si tuviera purpurina. Al contacto con sus dedos se soltó de su antebrazo y se estiró como un látigo. 
—¿Cuántos son? —le preguntó apenas en un susurro.
—Uno, pero vienen más por las escaleras —respondió él sin vacilar.
—De acuerdo, entonces ven, deprisa.
Lo agarró por la camiseta y se dirigió a la ventana. No se molestó en abrirla. La azotó suavemente con la punta de aquella especie de látigo y el cristal desapareció sin más.
—Pero... ¿qué coño?
—Al árbol, rápido. Tengo la moto abajo.
En ese momento la puerta de la habitación se abrió y un tipo enorme con pinta de motero salido de una película de terror ocupó todo el vano. Tenía el pelo negro como la noche, largo y grasiento, y un guardapolvo de cuero gastado. En la mano llevaba algo que parecía ¿una bola de fuego? No, era imposible. Aquello tenía cabida en un sueño, o mejor dicho, en una pesadilla, pero no podía ser real…
La chica alargó una mano en dirección al árbol y las ramas se curvaron hacia la ventana como si las hubiera llamado. Amets saltó para colgarse de la más cercana mientras el látigo silbaba en la habitación reventando la bola de fuego mientras estaba todavía en la mano del hombre.
O lo que fuera aquello.
Después la chica saltó tras él y, con una voltereta, se dejó caer al suelo, donde esperaba una moto de gran cilindrada negra y plateada. Se subió en ella, arrancó y le hizo un gesto con la cabeza.
—Sube antes de que vengan los refuerzos.
En ese mismo instante se oyó una maldición proveniente de su apartamento y Amets subió de un salto, agarrándose a ella sin titubeos. La moto salió como una flecha mientras el destello de lo que le pareció otra bola de fuego se quedaba atrás.
Sin duda, estaba soñando. Solo esperaba salir vivo de aquella pesadilla.

La moto atravesó la ciudad como un relámpago, a una velocidad sin duda ilegal, sin que nadie pareciera reparar en ella. Las primeras luces del amanecer teñían el cielo de un hermoso color rojizo, pero la temperatura no dejaba mucho margen para disfrutar del paisaje. Amets había salido de su apartamento aprisa y corriendo, sin tiempo para coger nada más que lo que llevaba puesto: unos vaqueros, una camiseta y unas botas ligeras, que sin duda no eran la indumentaria adecuada para una madrugada fresca de septiembre, o al menos, no en París.
Se encogió, pegándose más al cuerpo de la chica. Había dicho que se llamaba Naike, tampoco era un nombre muy usual. Y que era un hada. Tenía pinta de cualquier cosa menos de hada. Tal vez de bruja, eso era más creíble. Como la noche anterior, iba vestida de negro, aunque el vestidito de la discoteca había sido sustituido por unos pantalones ajustados, una camiseta y una cazadora de cuero. Más apropiado para ir en moto que lo que él llevaba, de eso no había la menor duda.
Cuando por fin paró, al cabo de más de media hora de loca carrera, en una estación de servicio, él se bajó de la moto tiritando, furioso y con la adrenalina por las nubes.
—¡¿Pero tú estás loca?! ¿A dónde se supone que me llevas?
—Al sur, ¿no te has dado cuenta? Parecías más listo —le respondió ella con insolencia.
—Mira, guapa, déjate de hostias. Me has sacado de mi apartamento en plena noche, con lo puesto y sin dejarme coger ni las llaves —palpó el bolsillo trasero de los vaqueros y comprobó que, por lo menos, llevaba su cartera con las tarjetas de crédito y la documentación—. ¿Quién coño era el macarra ese que entró en mi casa? ¿De qué va todo esto? ¡Estoy helado, y harto de adivinanzas!
Ella había aparcado la moto a cierta distancia de la pequeña tienda de la gasolinera, ocultándola de la carretera tras un enorme camión. Lo miró de arriba abajo y sonrió con cierta timidez.
—Perdona, no me había dado cuenta de que no ibas adecuadamente vestido.
Cuando la vio echar mano del brazalete, dio un paso atrás, tensándose. Ella arqueó las cejas.
—¿Me tienes miedo?
Él le sostuvo la mirada, con los sentidos en alerta.
—Aún no lo he decidido. ¿Qué es esa cosa?
Ella sacudió el artilugio, que se movía con la fluidez de una anguila en su mano. No parecía tan largo ni tan amenazador como cuando lo había hecho restallar como un látigo contra el individuo de la bola de fuego.
—¿Esto? Una varita mágica, ¿qué podría ser si no?
Era lo último que esperaba oír. Se giró y echó a andar hacia la tienda de la gasolinera. Seguramente habría un teléfono, ya que su móvil se había quedado encima de su escritorio. Podría llamar a alguien y pedir ayuda. A la policía, desde luego. A alguien que encerrara a aquella pirada y lo llevara de vuelta a su casa.
Sintió un ligero chasquido cuando la varita, el látigo o lo que fuera, se movió en su dirección. Apenas lo tocó, pero una luz blanca y brillante lo recorrió de la cabeza a los pies y de repente, llevaba puesto un jersey negro, unos vaqueros negros, y botas de motorista, y una cazadora de cuero parecida a la de ella.
Se giró boquiabierto buscando una explicación. Ella lo miraba con una sonrisa de satisfacción.
—¿Mejor así? Me gusta el negro. Y te queda bien.
—Naike... Te llamas Naike, ¿no?
—Sí.
—¿Cómo has hecho eso?
—Con la varita mágica, acabas de verlo.
Sacudió la cabeza e inspiró hondo, exasperado. Aquello no iba a ninguna parte. Debía de estar soñando, esa era la única explicación.
—¿En serio pretendes que crea que eres un hada?
—¿Y por qué iba a mentirte en algo así? —Ella también parecía estar empezando a perder la paciencia—. ¿No viste al brujo en tu apartamento? Pensé que habías visto que llegaba…
—Lo vi, pero… Espera, ¿pretendes decirme que era un brujo de verdad?
Lo  miró como si fuera estúpido.
—¿Te estás quedando conmigo? Tú identificas brujos día sí y día también.
—¿Yo? —respondió él desconcertado—. Yo no he visto un brujo en mi vida. Los únicos brujos que he visto ha… sido… en… sueños…
Ella inclinó la cabeza a un lado, con ese gesto que le había visto hacer ya varias veces. Frunció el ceño y sentenció.
—De modo que así es como lo haces… ¡lo ves en tus sueños!
—Espera, espera… —Amets dio un par de pasos y se sentó en el bordillo sujetándose la cabeza entre las manos—. Mis sueños…, mis dibujos… ¿son reales? Quiero decir… ¿he estado dibujando gente que existe en realidad?
—¿Acaso no lo sabías?
—¡¿Acaso tengo cara de saberlo?! —preguntó él alzando la voz.
—No. Vale, perdona. Asumo que no tienes ni idea de lo que eres y lo que haces…
—Pero tú vas a iluminarme. Ahora mismo.
Ella se giró levemente hacia la moto.
—Deberíamos seguir, solo pretendía asegurarme de que estabas bien.
—Pues no estoy bien, estoy congelado como un puto carámbano y me va a estallar la cabeza. Necesito café y necesito que me expliques qué pinto yo en todo esto o me volveré loco.
Naike se mordió el labio, inclinó la cabeza y suspiró.
—Está bien, vamos dentro. Hay una máquina de café, pero no podemos perder mucho tiempo, nos estarán buscando.
—Entonces, con más razón deberías decirme por qué, ¿no crees?
Ella le tendió la mano para ayudarlo a levantarse y echó a andar hacia la pequeña tienda de la gasolinera.
—Esto nos va a llevar un rato…, espero que no tenga que arrepentirme después.


* * * 

¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¿Me dejáis un comentario? ¡Me encantará leer vuestras primeras impresiones!
¡Muy pronto más noticias!

* * * 

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sábado, 20 de mayo de 2017

Si solo una hora tuviera (Caroline March)

A veces un libro te sorprende. Otras veces, además, te enamora, y cuando lo acabas sabes que siempre tendrá un hueco en tu corazón. Eso es lo que me ha pasado con esta novela. No es la primera que leo de la autora y, como ya conozco su estilo, intuía que me gustaría. La verdad es que me quedé muy corta. Me ha encantado.


SINOPSIS:
Piero es un hombre enamorado. 
Gabriela es una mujer herida por amor. 
Michael es un hombre que no cree en el amor. 
Los tres confluyen en la hermosa ciudad de Praga, como si esta hubiera estado esperando siete años para reunirlos de nuevo. 

En un escenario mágico, rodeados por situaciones equívocas llenas de humor, sentimientos intensamente dramáticos, donde se mezcla el pasado y el presente para crear su futuro, descubrirán lo que significa verdaderamente el amor, sorprendiéndose a cada instante con una sonrisa de que la vida les puede ofrecer algo que ya arrebató. 

Y comprendiendo que una habitación en un ático de un hotel, que antes fue un palacio, puede convertirse en un escondite, un refugio, una cárcel y un lugar donde atrapar lo que una vez perdieron en el olvido. Un espacio donde alcanzar la redención, en el que Gabriela se encontrará a sí misma y deberá enfrentarse a la elección que marcará el resto de su vida. 

* * * 

Como suelo decir muchas veces, hace tiempo que tenía esta novela en mi kindle. Y sabía que probablemente cuando me pusiera con ella me engancharía enseguida, porque sé cómo escribe la autora y sé que me gusta. Sin embargo, no sé por qué, ni la sinopsis ni la portada me habían llamado tanto la atención como para crearme ese ansia por empezarla que me entra con otras. Quizás es porque entre tres nombres no puedes saber quiénes serán la pareja protagonista, y los triángulos amorosos no siempre me convencen. La verdad, no importa mucho, lo importante es que por fin decidí dejar a un lado los prejuicios y empezar a leer, y entonces... las sorpresas empezaron a sucederse y no pararon hasta llegar al final.

Me gustan los personajes complejos, defectuosos, inseguros, testarudos. Me gustan los arrebatos y los sentimientos incontrolables. Y esta novela parte de unos personajes, tanto principales como secundarios, sencillamente geniales, que sienten intensamente y se enfurecen, y aman, y sufren. Diría que todos ellos tienen, además, problemas de personalidad. Serios problemas. Algunos se aprecian a simple vista y para detectar otros hay que escarbar un poco más. 

Gabriela debe de ser una de las protagonistas más inestables que me he encontrado en mi vida, y contra todo pronóstico, me ha encantado. Es una mujer profundamente herida, que se ha limitado a sobrevivir de mala manera, sin tener apenas control sobre lo que hacía y, especialmente, sobre el personaje que los demás habían creado en torno a ella. Se la va descubriendo poco a poco, y es inevitable sentir lástima y empatía, y desear que, por una vez, tenga suerte y su vida se encarrile, porque en el fondo es una buena persona y merece ser feliz.

Piero tuvo mis simpatías desde el principio y, la verdad, a pesar del hecho de ser un amor prohibido, lo comprendí y perdoné sus defectos, que son muchos. 

Michael comienza siendo un personaje bastante repelente, aunque pronto me di cuenta de que,en realidad, en cierto modo estaba volcando clichés en él y prejuzgándolo. Si bien no es perfecto (por suerte), también demuestra merecer la oportunidad de ser feliz. 

Y no pienso hablar del conflicto. Sólo diré que pasé páginas y páginas sin tener ni idea de con cuál de los dos acabaría Gabriela ni tampoco con cuál prefería que se quedara. Ni siquiera yo podía decidirme, así que leía y leía sin querer pensar, solo confiando en que, como es una novela romántica, al final, las cosas acabarían de la mejor manera posible. 

No me ha decepcionado en absoluto. El final es hermoso, emocionante, justo y feliz. Enseña que se puede amar a alguien roto y ese amor puede curar heridas incluso de forma casi milagrosa. También que hay diferentes formas de amar. Que una de ellas es perdonar, hasta cosas que a algunos les parecen imperdonables. Otra es velar por quien uno ama, en la sombra y en la distancia. Y otra es sentir como familia a quien no es de tu sangre, pero está ahí cuando más falta te hace.  

En resumen, tal y como he dicho nada más empezar, estoy convencida de que esta historia y estos personajes permanecerán siempre en mi corazón. Absolutamente recomendable. 

martes, 2 de mayo de 2017

El highlander oscuro (Karen Marie Moning)

Sigo adelante con esta increíble saga. Si bien hace un par de meses, cuando leí el anterior, comenté que era el que más me había gustado hasta la fecha, ahora mismo no sabría decir cuál de los hermanos McKeltar me ha gustado más.


SINOPSIS:
«Soy Dageus MacKeltar, un hombre con una conciencia buena y trece malas, arrastrado a saciar mis más ocuros deseos…»
Desde su ático en Manhattan, Dageus contempla una ciudad resplandeciente que llama a la oscuridad que hay dentro de él.
Un escocés del siglo XVI atrapado en dos mundos está librando una batalla que no puede ganar con los trece druidas que han tomado posesión de su alma.
Cuando Chloe Zanders, estudiosa de objetos antiguos, se ve atraída a su mundo, no puede evitar encontrarlo irresistiblemente atractivo. Pronto estará atrapada en una antigua profecía que la hará retroceder en el tiempo hasta la Escocia medieval.

* * * 

En el anterior libro de la serie, Dageus ya se había revelado como un personaje prometedor. En esta novela, su carácter despreocupado y juguetón ha desaparecido por completo al verse arrastrado a la oscuridad como castigo por romper un norma, y con ella un pacto ancestral, como único medio para salvar la vida de su hermano gemelo, Drustan. La injusticia de pagar tan cara una acción motivada tan solo por el amor fraternal más puro y fuerte le hizo ganarse mis simpatías desde el primer minuto. A pesar de ello, desde el momento en que conoce a Chloe, su comportamiento es más que cuestionable, y supongo que precisamente por eso, Chloe también se ganó mis simpatías. Es una chica de campo, sencilla, estudiosa e inteligente, con un pasado difícil y un trabajo que adora y compensa la mediocridad de todo lo demás en su vida actual. Encontrarse con un highlander del siglo XVI es realmente lo mejor que le podía pasar en la vida. 
Desde el primer momento, a pesar de sus diferencias, es obvio que encajan. Me gusta la forma en que ella se le enfrenta, incluso aunque él le doble en tamaño y sea infinitamente más peligroso. Me gusta la forma en que está dispuesta a salvarlo, incluso aunque sus posibilidades parezcan minúsculas en comparación con la inmensidad del mal que lo acecha. 
La relación entre ellos es genial, con mucha química y un entendimiento perfecto, ya que ambos son capaces de suplir las carencias que tiene el otro.  
Respecto al viaje al pasado, he disfrutado mucho el reencuentro con los personajes de la novela anterior a través de estos. He sufrido con ellos por Dageus y, a pesar de tener la certeza de que todo acabaría bien, la autora me ha tenido con el corazón en un puño hasta las últimas páginas. 
Muy recomendable, como toda la saga.