Seguimos con la serie Cabana de Susanna Herrero. El cuarto libro, ya. Una vez metidos en faena, me apetecía conocer la historia de todos los hermanos, aunque Marcos era uno de los que menos me llamaba la atención. Pero ha sido interesante, ya lo creo.
SINOPSIS:
Una chica.
Un chico.
Un ascensor.
Y un cortocircuito que los deja encerrados dentro.
Solos.
Ella apoya la espalda en la pared y se deja caer derrotada al suelo; el aire en sus pulmones se encoge y el pulso en sus venas se dispara. No le gustan los ascensores. No le gustan los espacios cerrados.
Él sale al rescate. Le explica que es técnico de ascensores; ella no podía haber tenido más suerte. Es mentira, por supuesto.
Hasta mucho más tarde, la chica no descubre las pecas en el rostro del chico. Y su olor al mar Mediterráneo.
Él la ve desde el primer instante.
Cuando los liberan, comparten una noche de risas, besos y gemidos susurrados al oído. No intercambian números de teléfono. Solo es una noche.
Ella se llama Mencía y pertenece a la unidad de Asuntos Internos. Hay un topo entre los geos y tiene que encontrarlo.
Él se llama Marcos y es geo.
Sorpresa.
* * *
En realidad, tengo que confesar que, por lo que sabía de él de los libros anteriores, Marcos no me caía muy bien. Me parecía que iba un poquito de sobrado, y su currículum sentimental no era muy alentador. Pero el primer encuentro con Mencía consiguió capturar mi atención, porque aparte de una química bastante interesante entre ambos, descubrí en él un potencial en el que no había reparado antes. Y en ella también, por supuesto. Se intuye enseguida una mujer capaz de ponerlo en su sitio si se viene demasiado arriba. Y, para colmo, descubrir que es una agente de Asuntos Internos... En fin, impagable.
La investigación que Mencía lleva a cabo en la unidad de Marcos determina en cierto modo el desarrollo de la relación entre ambos, ya que ella sabe que no debería confiar en él mientras no averigüe si es el topo que está buscando. Podría serlo, aunque sus instintos le dicen que no. Por su parte, él no sabe hasta qué punto ella es sincera, porque en realidad ella no puede sincerarse sin descubrir lo que sabe y poner en peligro la investigación. Es un tira y afloja que da mucha vidilla a la historia. Y por el medio, andan los demás hermanos Cabana (qué gusto reencontrarse con ellos) tejiendo una red en la que es imposible no acabar enredado. Mencía caerá en ella, porque es una familia en la que apetece entrar. Y también su hermano Julen, que es una de las personas más importantes en su vida, acabará formando parte del grupo.
Tiene un poco de todo: momentos divertidos, escenas de tensión, camaradería, pasión, ternura... Con un lenguaje cuidado y sin artificios que hace la lectura ligera y amena, es una historia que se devora en un santiamén. Me ha gustado mucho y me ha dejado con ganas de más, aunque ya no me queda mucho para terminar la serie.
En fin, ¿hay alguien en la sala que no conozca todavía a los hermanos Cabana?